Muerte de un café

Me comenta Javier Ancín que el antiguo, querido y lleno de buenos recuerdos café Vienés, cuya titularidad ha cambiado recientemente, es ahora un antro con una barra enquistada, de ladrillo, y sillas bastas y nada del espíritu que hizo de aquel rincón un trozo de la Austria más refinada, sino esa pamplonez tosca y embrutecida, sin gracia, como dice Ancín, de bar de carretera cutre. Antisíndrome Stendhal. Adiós a aquel evocador cartelón de Victor Hugo, a esos divanes en que te hundías con toda paz, aquel camarero alto y de finos quevedos —de una sosería/timidez rayana en la mala educación por otra parte— adiós a las tardes de invierno en que el bosque negro de ramas de la Taconera dibujaba un efímero cuadro de Pollock bajo el cielo cárdeno y no menos efímero. Adiós a ese oasis entre no poca ramplonería de chándal y bares de fritos de jamón y queso.

Adiós al café melange, a los desayunos con huevo pasado por agua, a las notitas mojadas con un golpe de agua para que se pegaran a la bandeja, al vaso de agua cortesía de la casa. Hablaba el otro de la tiranía del dinero, de la "rastrera política del beneficio". En este caso, ha provocado la muerte del café Vienés, como la provocó también la del café Comercial, porque aunque el espacio exista, si se cargan su alma es una mera carcasa. 

Y así como hay espacios naturales protegidos, yo me pregunto si no podría haber espacios urbanos que merecieran parecida protección de las instituciones públicas y que gracias a una partida de ayudas a su dificultosa viabilidad la ciudadanía pudiera disfrutar de esos pequeños oasis de belleza y alimento del alma. En mis años navarros, recuerdo momentos mucho más felices en el extinto café Vienes que en la laguna de Pitillas. 


Foto: Mikel Saiz

Comentarios

  1. Que desaparezca un lugar como este, un lugar con pasado, es triste. La desaparición de este cafe como la del comercial de Madrid son una gran perdida.

    Los bares son lugares con un papel social muy importante, que sean de barrio o que sean de "mas categoria" y sus desapariciones dejan un vacío muy difícil de rellenar aíslando aun mas los vecinos ya encerrados en sus smartphones o pegados a la televisión u ordenadores.

    Una pena.

    ResponderEliminar
  2. Hay poco respeto y demasiados planes...

    ResponderEliminar
  3. Mis condolencias. Desayunos memorables que mimaban el paladar, en una atmósfera, de una belleza y un sosiego, que propiciaba verdaderos encuentros. Me viene la palabra sacrilegio...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario en la entrada

Entradas populares