Los trabajos fáciles

Esta mañana me pateé a primera hora las calles del centro. Me regalé un desayuno inglés en el Vips. Ponen pan en lugar de rebanadas de molde, deberían corregir eso. El desayuno inglés, mejor con rebanadas con mantequilla. A mi lado estaba un actor famoso, de moda, al que he visto por la zona. Qué condena no disfrutar más nunca del anonimato. Cualquiera te geolocaliza. La idea de estar obligado a llevar una vida recta por ese gran hermano de la fama. Quizá sea más fácil todo así. 

Antes, compré un periódico del que apenas sí logró interesarme algo. La sensación cada vez más frecuente de leer la prensa española como leía la estadounidense en aquel viaje: esto no va conmigo. Este no es mi idioma. 

En calle, esos trabajadores que cuidan la cuidad. Los que barren. Los que pulverizan agua para orillar la mierda hacia las cloacas. También los camiones de reparto. Siempre discretos, la ciudad se abastece sin que apenas nos demos cuenta. Pilotados por trabajadores humildes, seguro que su cuenta corriente tiene mucho más ceros que la mía. Como los pájaros, realizan su labor diaria sabiendo que es esa y no otra su obligación, y vuelan así por las calles. Cumplen con lo suyo, y viven su felicidad en silencio, como solo los hombres libres y los pájaros saben.


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