18.8.15

Biblioteca

Me gustan cosas de lo público, como BiciMad y las bibliotecas. Servicios que si estuvieran regidos por la cuenta -favorable- de resultados, dudo que existieran, y menos en una España donde el mecenazgo no tiene mucha tradición. Quizá habría bibliotecas adscritas a órdenes religiosas, que permitieran el paso a los gentiles con la esperanza más o menos fundada de futuras captaciones. 

Sonrío cuando un ideal, el cultural, se sobrepone a la rastrera política del beneficio. Ahí es cuando lo público tiene su sentido. No me gusta, de lo público, las piscinas municipales, pero esa es otra historia y más tocante a un sentido estético.

Desde hace tiempo saco películas en La Casa Encendida y hace semanas me animé a hacerlo con libros, precariedad obliga. Pero hay pocos en ese centro, que por cierto se mantiene gracias a la Fundación Montemadrid, institución privada sin ánimo de lucro, tras la retirada de Bankia-Caja Madrid.

Así que me animé a hacerme socio de la biblioteca Pedro Salinas, junto a Puerta de Toledo, de la que fui socio allá por 2007. Una biblioteca es una librería con barra libre, limitada eso sí por lo temporal de la posesión del libro, pero aún así la excitación es grande. Te mueves por los estantes con delectación; por fin podrás saldar esa cuentas con tantos autores. El propio Hemingway, de quien uno sabe bastante de su vida pero no tanto de su obra. Le recrimina García Márquez que en sus novelas sobran páginas, como insinuando que lo suyo debería haber sido el relato corto y pienso que no puedo darle o quitarle la razón, porque apenas he leído ninguna novela, como tal, suya. Aparte de 'Fiesta'. 

Hay delectación en ese desfilar por el abecedario de los autores, pero también la sombra de la decepción. Como si a ese juguete que es el amor por la lectura se le fueran a gastar las pilas. Tantos autores que simplemente no apetece leer, tanta novelón, tanta ficción en el sentido más peyorativo. Así como en la poesía lo que menos me gusta es lo lírico, en la novela lo que menos me gusta es lo ficcional. Pero quedan los grandes y de ellos se puede aspirar a unas cotas de autenticidad que recarguen la batería de ese juguete literario que espero no se agote nunca; al contrario, que a fuerza de pedalear en él, se vaya retroalimentado, como en realidad pasa y ese es el sentimiento que acaba ganando en verdad.

2 comentarios :

  1. Por qué calificás de rastrera la politica del beneficio? No sé la edad que tenés, pero creo que no te das cuenta de que todo en la vida se rige por esa politica. Sin la politica del beneficio no existeeria tu blog, no existiria internet, no existiría la Cultura...En fin...

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  2. Tampoco habría niños explotados, trata de blancas, familia que no pueden conciliar, depresiones, etc

    La política del beneficio es rastrera si se impone a todo, por suerte, eso no pasa. El capitalismo ha traído desarrollo y bienestar (te recomiendo 'La gran búsqueda', de Sylvia Nasar) pero también tiene que haber espacios que salgan de esa lógica y que saber pararle los pies. Que se pagan con impuestos, por otra parte, pero que están por encima del beneficio directo y material. Si por beneficios fuera, no habría bibliotecas.

    La rastrera política del beneficio se ve en la sanidad de países como EEUU.

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