La última cena

Llegó el momento de pagar la cuenta y los invitados llegados del norte sacaron la cartera con rapidez. Pero los anfitriones insistieron y los invitados del norte insistieron más aún, pero no tanto como los anfitriones, que llegaron casi a enseñar un diente fiero en el envite. Los invitados, una pareja con trabajos precarios, en el fondo solo querían agradar, así que aceptaron que los anfitriones pagaran finalmente la abultada cuenta, y si por un lado sintieron aliviadas sus magras contabilidades domésticas, por otro no pudieron evitar una cierta indigestión moral. 

En la habitación contigua, el matrimonio invitador también acusaría la muesca en su cuenta corriente, pero durmieron tranquilos tras el comentario de él: "Algunos gastos son la mejor inversión".


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