Trabajo

El número máximo de escoltas contratados por un gobierno en España se alcanzó en 2003. Varios miles. En 2011, la cifra tocó fondo, algo más de mil y pico. Teníamos un vecino consejero de Agricultura primero con UPN y diputado después con PP que siempre llevaba su escolta. Una vez, en Sanfermines, le pusieron un importante petardazo. Estaba de vacaciones. Tuvo suerte de que le tocó el becario de la siniestra banda armada. 

Pienso en aquel 21 de octubre de 2011, celebrando el fin de ETA, día en que también se cargaron a Gadafi, aunque no soy de celebrar muertes, ni siquiera de hijosdeputa con pintas, y en cómo ese gremio extraño de pistoleros por la paz se alegró a medias. O quizá ni se alegró. Algunos buscaron trabajo en zonas de conflicto internacionales. Muchos se mudaron a Rusia, Georgia, Ucrania, a cuestas con ese oficio triste como un whisky de bar de carretera. A menudo, bajo los efluvios de ese alcohol de garrafa en sus países de adopción, rememoran con nostalgia los años de plomo. 

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