Tarde de junio

Voy a ver la exposición de Enrique Meneses y en el último piso de esa torre antiguo canal proyectan un video sobre el Ku Klux Klan. Un líder dice que los negros son símplemente más tontos que los blancos. Que a pesar de vivir en países ricos en materias primas nunca hicieron nada, ni inventaron la rueda, ni levantaron edificios, ni construyeron hospitales. Tolera que ahora —años sesenta— se inserten en la sociedad, pero defiende la «supremacía de la raza blanca». Se queda tan ancho. De pronto pienso en que lo piense de verdad, que no haya odio sino un planteamiento tosco y rudimentario, pero planteamiento al fin y al cabo. 

En la cúspide de la atalaya hay una chica. No sé si es extranjera, lleva un ligero traje azul. Se acerca a mi lado desde el otro extremo y se coloca impúdicamnte cerca, y me muevo un metro para que no se sienta intimidada. Espero que corresponda a mi gesto civilizado acercándose un poco más, pero no lo hace.  

Veo las fotos de Meneses en Sierra Maestra, donde estuvo un mes y pienso que su verdadero acierto fue meterse en ese universo guerrillero sin tener ni idea de quiénes eran esos mozalbetes. Ni intuir que gobernarían la isla durante más de cincuenta años, y aún vive el responsable de todo ello. Un Fidel Castro, de 1,85cms, que en una de las fotos lee Kaputt, de Curzio Malaparte. 

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