Eterna juventud

Cómo no envejecer nunca, se preguntó X, con la vista fijada en los campos de trigo del color del kiwi. Como si le hubiera escuchado su íntima tribulación, un viejo que le recordó a Josep Pla se sentó en el mismo banco de piedra y se presentó. Le dijo que era un Guardián Silencioso de la Verdad. Pero que esta vez hablaría.

—La libertad —dijo.

Y se quedó callado un par de largos minutos. Luego se levantó y se fue.

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