Correr

Hoy fui a correr. Empecé despacio, como hago siempre. Me adelantan sudorosas mujeres de grandes traseros. ¿Creerán que solo corriendo de vez en cuando se convertirán en sílfides? El mundo es cruel. Sigo despacio y de pronto descubro que ir despacio me cansa que ir más rápido. Se me agarrotan las piernas. Alargo la zancada y me veo ligero, más veloz, siento un poco volar. Me canso un poco más, y vuelvo a la zancada corta, para retomar, triunfante, el ritmo que creo que, por fin, me corresponde.

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