Vida de león

El rey de la calma chicha combate a diario con las moscas, que se le suben a las barbas, no tienen ya respeto ni por la cúspide de la pirámide. Siestea con devoción; a veces da algún paseo hasta una charca cercana para retozar entre el barro y contemplar cómo la piel cuarteada y polvorienta del elefante se ennegrece al contacto con el agua. Y cómo las cebras vacilan si acercarse o no a beber. Atardece en la sabana y qué solecito tan rico. Pena el hambre, ese hambre que le hará ponerse en acción. Qué sería, también, sin estos momenticos. 

Se sobresaltan las moscas por el movimiento velocísimo. A la cebra incauta apenas le da tiempo a sobresaltarse. Muere rápido de una dentellada en la yugular. Los cuervos no tardan en desplegar sus alas a lo alto. Qué festín, madre mía, hasta la sangre tiene un punto refrescante. Buscará luego un rincón protegido para dormir, amenaza lluvia intensa.

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