Sobre la obra de Wilfredo Prieto y esto y lo otro

La obra de Wilfredo Prieto, 'Vaso medio lleno', aunque impactante por su capacidad para materializar, en estos tiempos líquidos, y en un medio tan correoso como el agua, lo disperso, aunque contenido, de la esperanza, esa cosa ambigua, ora optimista, ora pesimista, del sentimiento trágico-eufórico de la vida, que diría un Unamuno pasado de copas, no tiene, empero, la fuerza simbólica de otras obras suyas como 'Pelota de tenis rellena de pelusa', que ejemplifica el afán del cubano en tierra, que mira con mezcla de envidia y odio a quien abandona la isla en pos de un futuro más próspero en Miami. Ni la pegazón poética de 'Salchicha de plástico', toda una metáfora, necesaria y completamente pertinente, sobre cómo la sociedad de consumo nos da gato por libre, con queso, inclusive, a la hora de satisfacer nuestros deseos más primarios, que el consumidor considera no obstante necesidades de otro orden superior que quedan calmadas, con la consiguiente frustración y maltrato posterior a su mascota, y que en este troco porcino industrial quedan sin duda ejemplificadas. Pero sin duda la que más respeto y fascinación me genera es 'Matasuegras de plastilina', una lucida y perspicaz reflexión sobre la familia política, el odio, el colesterol y lo niños que, en el fondo, somos todos.

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