Hacia una nueva identidad digital

Nunca me ha importado lo que Facebook u otra red social haga con mis fotos, opiniones, información sobre hábitos de compra y demás rastro digital. Me importa más Google. Me importa más que un tipo escriba algo sobre mí, pongamos que infame, y quede indeleble en sus servidores para siempre. Pero me importa, o molesta, sobre todo, que cualquier pueda poner mi nombre y acceder enseguida a un retrato más o menos fiel de mi persona cuando no me apetece que se haga. Antes no pasaba esto: entregabas tu carné de identidad al recepcionista del hotel y ahí quedaba la cosa. Un nombre más. Ahora basta introducir el nombre en el buscador más importante del mundo para tener información inmediata sobre ese cliente: profesión, opiniones, gustos, lugar de residencia, etc.

Pienso en el Michel Houellebecq que abandona París en estos días convulsos de terrorismo fundamentalista. Un Michel Houellebecq que quiere esconderse y que podría caer en un hotel rural lejos de los cenáculos literarios en el que supongamos que el dueño de dicho hotel no haya oído hablar nunca del autor de Las partículas elementales. Pero que al introducir su nombre, por una mezcla de cotilleo e indagación rutinaria, en Google descubra que se encuentra ante el controvertido autor, en la cresta de la ola de la actualidad. Tendrá fuertes tentaciones de avisar a la prensa; su intimidad, su necesidad de desaparecer del mundo, de pasar inadvertido, correrá serio peligro.



MH

Pensemos en un registro alternativo de identidades, una especie de banco de datos nacional con la información encriptada por potentísimos y fiables procesos informáticos que garantizaran que ese tipo es quien dice ser, pero a cuyo nombre y apellidos no se tuviera acceso tan directo. Que el nombre fuera, en realidad, una clave, validada por las autoridades de turno, y que no hubiera necesidad de revelar que Michel Houellebecq es Michel Houellebecq, sino su simple número del carné de identidad, 73683834T, cuyo rastreo en internet no ofreciera información. Una clave que fuera renovándose cada cierto tiempo, con posibilidad de acelerar esa renovación si el individuo lo solicitara. La posibilidad de protegerse con un seudónimo legal.

No sé si hay alguna propuesta en marcha sobre este respecto, no tengo ni idea. Solo que me parece que la tecnología ha avanzado demasiado en este aspecto, dejándonos con el culo al aire en ciertas cuestiones de intimidad, y desde mi desconocimiento de este tipo de temas diría que no se dan grandes avances hacia algo que podríamos llamar identidad encriptada digital (IED). Me parecería un procedimiento más limpio, discreto, en consonancia con un derecho, que no sé si existe, de pasar inadvertido en una sociedad que cada vez nos vigila más de cerca. Precisamente por eso, dudo que prosperara nunca.

Comentarios

  1. Ahora con el DNI 3.0 nos venden la moto de que ganamos en seguridad, lo que perderemos en intimidad.
    Esto de que todo esté en la red, vulnera nuestra intimidad y veremos hacia donde nos lleva en el futuro tanta tecnología invasiva.

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    1. Eso iba a decir... Creo que habría que empezar a estudiar un DNI realmente respetuoso con una idea de la intimidad moderna.. Quizá el 3.0 ;)

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  2. Interesante post. Me temo que Houellebecq no podrá huir de la fama. Ninguno de nosotros podrá escapar de su rastro digital. Pero tal y como apuntas, merece la pena reflexionar sobre las posibles soluciones.

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    1. Gracias.. Creo que no hay interés realmente en facilitarnos la discreción, sino más bien al contrario...

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