Éxito

La idea de que una tarde afloren de tu guitarra un par de canciones afortunadas, unas melodías redondas como compuestas por unos nuevos Beatles distintos a ellos. Y al día siguiente otras dos, y al día siguiente otras dos, así hasta cien.

Pensar sobre el éxito. ¿Merece la pena apostar por él para que dentro de cien años se hablé de ti en torno a la mesa de unos desconocidos? ¿Es eso éxito o unas patológicas ganas de afecto, aún y cuando ni siquiera se va a poder disfrutar  de él? 
Susan Sontag dijo algo así como que se le había dado mejor el trabajo, la carrera, que la felicidad, lo cual no deja de ser un cierto fracaso, aunque se hablé de ti en una cena. 

No creo que los Beatles, el grupo más exitoso de la historia, hubiera entregado todo a una carta, ni que su existencia hubiera sido un cúmulo de sacrificios para lograr ese éxito que solo se consigue con sangre, como se nos plantea en 'Whiplash'. Quizá eso fue lo que sedujo a George Martin cuando se avino a producirles, pese a las dudas iniciales que le producía el material que había escuchado; ese carisma le hizo decidirse, el carisma de esos chicos que estaban logrando el éxito casi sin esfuerzo, con suavidad y firmeza, como se postula el budismo. 

Había algo bueno en ese carisma, y Martin lo supo ver. Como si en sus canciones se escondiera esa receta de la felicidad que se le escapó a Susan Sontag. 

La idea de una felicidad que solo se apoya en esa carrera, que brota casi natural, sin saber muy bien de dónde, como las composiciones de John y Paul. 

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