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Sentirse como un avión a reacción que se acerca demasiado al suelo; tiene mucha potencia pero quizá le falte combustible o tenga un motor saturado. Sentir que a pesar de todo el vuelo se remontará. Sentir más tarde cómo la nave roza con un ala las rocas, provocando unos chispazos que a pesar de todo no le hacen perder estabilidad. La aeronave recuperará la dirección y la altura, a pesar del riesgo de unas maniobras, no planeadas, que hacen sudar al piloto. Ese piloto que vuelve a casa siempre sonriente y repeinado. 

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