26N - Niveles de duelo

Encuentro familiar lo que cuenta Julian Barnes a propósito de su 'Niveles de vida', memoria de duelo sobre su mujer y agente literaria, Patricia Kavanagh, fallecida de un tumor cerebral en 2008, tras treinta años de matrimonio.
Y recuerda una cena con «tres amigos casados» en la que, por tres veces, intentó que hablaran de Pat, de su recuerdo, de lo que le querían. Sin éxito. «Temerosos de tocar su nombre, la negaron tres veces, y pensé lo peor de ellos por hacerlo».* 
*Leído aquí

Pensó en el suicidio, Barnes, en la inmediata viudez, y confiesa que aún a veces se le pasa por la cabeza. No lo pensé yo en ningún momento, en mi particular duelo, el de los padres que se van demasiado pronto, y ayer lo comentábamos con amigos, sobre cómo ciertos vacíos pueden ser más desgarradores. Comparación odiosa pero fieramente humana, y yo sostenía cómo el de la pareja muerta debe de ser el duelo que más duele, aunque la desaparición del hijo, quizá más para la madre que el padre, no debe de ser plato de fácil digestión. Lo que no tiene nombre, lo llamó Piedad Bonnett, en el libro así titulado en el que trata de recomponer las circunstancias que llevaron a su hijo Daniel a lanzarse por la ventana en busca de una paz que no pudo conquistar en los últimos años de su vida. 

Pero los hijos tienen y tendrán su vida y los padres la suya, aunque se interrelacione con la nuestra. La pareja, si es en verdad pareja y no una mera comparsa sentimental, es parte de ti y tú de ella, por eso su desaparición física entiendo que te devuelve a ese ser incompleto que uno era antes. Y ya es tarde para volver a completarse, y ya no será lo mismo, así que se pueden entender las tentaciones de acelerar su propio final en Julian Barnes: un baño caliente, una copa de vino y un cuchillo japonés bien afilado. 

«Lo que se va es mayor que la suma de lo que había», dice Barnes, a propósito de su difunta mujer, con una encomiable capacidad para decir mucho con tan poco.

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