20O

Hasta hace bien poco tenía una mata de pelo tal que era casi imposible peinarme. Me rendía ante la indomitez de mis cabellos y me resignaba a ir por la vida más feo de lo que me correspondía. Creo que me pasaba parecido con las ideas. Quizá tuve demasiadas, en ese estadio que llamaremos juventud, revueltas y generadoras de confusión, por la relación entrópica y mareante que se generaba entre ellas. Me condenaban a parecer más tonto de lo que era y yo, también, me resignaba a ello.

Me alegro, pues, de tener menos pelo y menos ideas. Pero que pare la cosa, eh.

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