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Coger un calendario de esos de cartera y posar la vista sobre el año transcurrido, sobre los últimos meses, mayo, junio, julio, agosto, septiembre. En realidad son cinco meses, hoy, porque todo empezó con aquella lectura, un 30 de abril. Ver ese tiempo como a vista de pájaro, como los cuadros del Nueva York de principios de siglo que pintó Sorolla, impresionado por el efecto óptico que generaban los rascacielos, desde arriba. Sobrevolar los días como un mapa trufado de monolitos invisibles y recordar una frase leí en Instagram, y que transmitía en un cartelito un mapache de plástico: A life without love is a waste.




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