14.10.14

14O

Leo sobre la biografía que Philip Norman acaba de publicar sobre Mick Jagger, como antes hiciera sobre John Lennon, también en Anagrama. Dice la reseña que Jagger ha sido un obseso del dinero, cosa que tiene que ver con la "obsesión inglesa por alcanzar un mejor estatus social respecto al que por nacimiento le hubiera a uno correspondido". Pienso luego en la parte cultural de todo eso, en cómo a través de una inmersión, baño, pringue, en el modernerío, la barcelonez, las listas de Pitchfork, uno como que parece que es ya menos de pueblo, o de provincia cerril. Como si ese ascenso británico en la escalera social se pudiera lograr ahora no tanto por los dígitos de la cuenta corriente, sino por la cantidad de conciertos y festivales que uno atesore en su timeline. Como si fuera necesaria una asistencia continuada y constante a lugares modernos, o mejor dicho posmodernos, como el Japón de las novelas de Amélie Nothomb o Murakami y no tanto a una Roma, ciudad eterna, que nos recuerda a la herencia cultural de siempre que hay que poco menos que quemar. Pienso en lo positivo que puede tener todo eso para querer avanzar, un poco a lo burro y zanahoria que al final hasta se come la zanahoria, y en lo cómodo y liberador pero a la vez quizá peligroso, por generador de estatismos, que puede suceder cuando, como en mi caso, uno no quiere ascender ansiosamente en ningún escalafón ni quitarse el pueblo de encima que jamás tuvo.

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