13.8.14

El Parnasillo entra en El Parnaso

Hay mucha, excesiva, sensiblería por los pagos digitales con que si cierra tal librería, no se reedita a tal autor fundamental porque nadie lo conoce y los niños con sobrepeso no leen más allá del texto de la pegatina del bollicao. Pues bien, yo añadiré algo más de ñoñería al asunto al dedicar unas breves líneas a una librería muy querida de Pamplona que echa el cierre definitivo: el Parnasillo. 

A menudo he pensado en lo que podríamos llamar espacios muertos. Una especie de cadáver no precisamente exquisito y tan vaporoso como nuestra memoria que pasa a ocupar el lugar donde antes estuvo el lugar. Cuando se jubile Mikel, el castañero, echaremos de menos su presencia, y ese vacío de puesto de castañas que brillará por su ausencia en la plazuela de San Nicolás. Sobre el solar desierto se levantará otra cosa, un puesto de lotería, o nada, como pasará en el hueco comercial y humano que se genera ahora en la calle Castillo de Maya. ¿Oficiará alguien el funeral por la muerte y extinción de ese lugar dedicado a esa cosa tan inútil y por tan bella como son los libros? 

Un lugar no solo es un lugar sino, como diría un tal Perogrullo, su gente. Cuando al bar de mis abuelos de la calle San Nicolás lo revistieron de otra cosa previo encargo de una empresa de decoración al uso, sentí la muerte del lugar pero también del recuerdo de la gente que por ahí habíamos transitado. 

Lo mismo pasará con El Parnasillo, que era Javier López de Muniáin, nuestro Medel el de los libros pamplonés, que tras su marcha hace dos años del local lo dejó ya un poco cojitranco.


Javier L. de Muniáin, librero

Cierra un local emblemático que desde 1973 ofrecía pequeñas dosis de ese ingrediente en vías de extinción llamado alma, al que tratan de estrangular las grandes superficies como un desaforado y despiadado ejército israelí, pongamos por símil.

Pero que no nos envuelva la melancolía. Quedémonos con el buen hacer de esta buena gente librera y felicitémonos de que no todo está perdido. La responsabilidad pesa ahora sobre los hombros de Javier Rosino y su flamante Walden, espacio de madera y libros seleccionados con muy buen tino. Que no decaiga.

Mientras, El Parnasillo se ha ganado su entrada en el Parnaso, que no Parsanillo, de las librerías de verdad.
Gracias y hasta siempre.

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