30A

Pedir una ensalada, algo de verde, entre un menú hipercalórico, grasiento, carnívoro y que el grupo se ría. De ti, contigo, del hecho de pedir una ensalada, qué maricón, en ese bar cercano al Santiago Bernabeu, barrio de españolitos de a pie que no toman ensaladas, y pensar en esa España que detestas, la España bruta, la España que se ríe y mofa de lo distinto, la España que anula al diferente, porque el cambio implica cambiar, y esa España cavernícola se niega al cambio. Esa España tosca, hosca después de la alharaca sorda, que no se borra con cuatro bares gentrificados de Malasaña ni raciones en plato cuadrado de foie a la plancha con reducción de mango.

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