19.5.14

Hz

Terminaré esta serie con un final, el del ciclo osasunístico. Recuerdo el gol de Treziak, dos a uno frente al Recre, que significaba el ascenso. Tres años antes habíamos estado a punto de hundirnos en Segunda B, como recordarán los seguidores más o menos fieles del equipo, tras cuatro partidos consecutivos ganando, requisito necesario para evitar esa pequeña debacle. Ya estaba entonces Patxi Puñal, nacido en 1975, que se despidió ayer del fútbol y de Osasuna. Su figura era un puente hacia otras épocas, su retirada clausura un ciclo. Catorce años en Primera, leo en la prensa local que es una "época dorada" y que solo un puñado de clubes han mantenido la categoría como lo ha hecho Osasuna en el siglo XXI.

Me aficioné a leer las crónicas sobre el equipo cuando su descenso a Segunda de la temporada 93/94. Lo hice en el recién estrenado Diario de Noticias, que ofrecía un tratamiento informativo más ágil y moderno que los diarios tradicionales. Era un rito al que le cogí el gusto, volver del colegio, ver a Arguiñano con la prensa mientras se hacía la comida. Nos medíamos contra equipos como el Leganés, el Salamanca, el Getafe, el Toledo, el Córdoba, Elche, Eibar, Sestao, Recreativo de Huelva, Barcelona B, Real Madrid B. Esa realidad futbolística de la que uno es ajeno mientras está en Primera.

Quizá sea bueno bajar a Segunda. Lo prefiero a vagar por la categoría principal sin brillo y sustancia. En Segunda uno tiene un objetivo, que es ir arañando puestos para recuperar el honor perdido. Se recupera la épica de estar en la vida por algo, más que el mero estar por estar. Me veo como alguien de Segunda, alguien en Segunda, mejor dicho. Alguien que pelea por un ascenso quizá ficticio pero que le sirve para conservar esa épica. Prefiero el polvo de los campos de Toledo que las estufas de los estadios modernos en donde las victorias saben un poco a nada. Por eso a veces me dejo perder, porque prefiero seguir aquí otra temporada a ser un mindundi en la máxima categoría.

La excusa de la lucha posterga el vacío de la conquista. Se lo leí en un titular a Dani Pedrosa: "La victoria te deja vacío". Algo de eso hay, y no es que prefiramos la derrota pero sí una impredecible combinación entre ellas. Eso hace que equipos como Osasuna sigan teniendo seguidores. Se abre un nuevo ciclo. A mí me sirve también para empezar uno propio. Caeré en la esa manida comparación fútbol-vida, pero en cualquier caso me sirve. Me sirve como referencia temporal, me ubica también a mí mismo, dentro mi particular competición. Y resulta ahora pertinente esa otra manidísima expresión de lo importante es participar. Pienso en los Yago Lamela, Jesús Rollán y etc que se no soportaron vivir sin participar, vivir sin guerras.

Doy con unos versos* de Leonard Cohen, escritas en La Habana en 1961, tras su rápido desencanto con la revolución socialista. "Dejé poemas antigubernamentales allí donde fui" (Leonard Cohen, Lorca, el flamenco y el judío errante, de Alberto Manzano).

Soy un estandarte solitario
soy un soldado sabio
ando con la boca cerrada
en un mundo que va a la deriva
asido al honor


*Fragmento del poema Es un deber para mí, del libro La energía de los esclavos, de 1972

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