Hv

Este post va a ser el peor del macropost. Tanto que no lo pienso subir a Facebook. Estoy cansado de subir a Facebook mis cosas, que es como ir tu mismo a la librería y pedir, por favor, que te lean, un pedigüeñismo literario al que nos vemos abocados los escritocastros modernos. Pero no lloremos demasiado. En el fondo, hemos sido más leídos que Cervantes en su día. Eso es así. Hola, Cervantes, me han leído más que a ti en vida. Dato asombroso que, sin embargo, me da bastante igual.

No se puede comparar tampoco el impacto de esos primeros lectores de Cervantes, con el impacto que generamos los autores del s. XXI con nuestros textitos digitales, aquí y allá, y nuestros libros que a trancas y barrancas conseguimos colocar en uno u otro expositor. Lo comentaba el otro día con un amigo, de nombre Guillermo, lo de aquellos primeros lectores de la humanidad que solo conocían un libro: el Antiguo Testamento. A la fuerza debía de resultar sagrado y lo allí escrito palabra de Dios, porque en ese caso el medio era el mensaje, que diría aquel. Como si mañana un ejército de drones se dedicaran a peinar el firmamento con una especie de tinta celestial que impregnara la bóveda celeste con un mensaje efímero pero acojonante en su presentación. Una de estas frases un poco de carpeta adolescente diseñadas para epatar a propios y extraños: Sé libre antes de ser esclavo de la libertad

Ahora todos generamos un gran ruido de grillos reclamando con cierto patetismo nuestro cachito de gloria y audiencia, y tanto es así que a veces uno se acuerda de la frase de Rothko, "Nada más preciso que el silencio", que bien podría valer para el ejército de drones, y a uno le entran ganas de callarse para siempre jamás, de asumir que todo está escrito, como reza el tatuaje de Agus Alonso G., y dedicarse a otras cosas. 

A la educación. El otro día leí que Woody Allen se cambió a una escuela pública, la de Brooklyn, con cinco años, y que entonces se le detectó el primer cambio de carácter. Aquello debía de ser un cafarnaún, que se dice, y algo de esto nos cuenta en una de sus películas, creo que Annie Hall. Un paso por la escuela pública que le produjo secuelas como esta (leído en Wikipedia): 

A los cinco años, se le observó el primer cambio de carácter: se convirtió en un niño solitario e introvertido. Se cree que la razón fue su ingreso en la escuela pública (escuela pública 99 de Brooklyn). Años más tarde Allen definió ese lugar como una escuela para maestros con trastornos emocionales.

Cabría preguntarse si realmente ese cambio fue tan significativo. Y si no fue un acicate para su formación autodidacta posterior. ¿Habríamos tenido un Woody Allen si hubiera estudiado en un distinguido y relamido colegio judío de pago? A saber. 

La idea de dedicarse a causas nobles, como la fundación de una especie de Misiones Pedagógicas modernas, en vez de proseguir con los afanes de individualismo creativo. Como utopía personal suena bien. Tener una utopía el horizonte, aunque no se alcance nunca, supongo que nos hace mejores, aunque luego nos venza la corrupción habitual. Quizá mejor, entonces, no tenerla.

No lo sé, este iba a ser el peor post del macropost y debo evitar a toda costa que se ponga interesante.

Comentarios