Hh

Se me olvidó la hache hace unas entradas, las letras mudan es lo que tienen, pasas de ellas pero no pueden hacer nada. Como omenaje a esa letra inadvertida escribiré este post sin ella. Su ausencia será su presencia. Espero encontrarme con alguna que otra. Un mundo sin aches sería sin duda un mundo peor.

A veces, en los ratos libres, que son muchos, pienso en qué escribiré de nuevo en esta nueva entrada del macropost, en este tiempo de desliteratura que estoy viviendo, terapia de apartamiento de los libros, de las palabras, relajación extrema del emisferio izquierdo. Pero para que no se atrofie del todo le doy al blog, que es un poco la gimnasia mental necesaria del escritor, aunque este escritor quiera dejar de serlo, al menos hasta el próximo otoño. Alguien dijo que un escritor es alguien que publica. Que tiene el aval de un señor editor que lo consagra y lo pone por encima del resto de aspirantes a escritores. No estoy tan seguro. Un escritor es alguien que escribe, aunque sin el reconocimiento editorial se queda un poco cojo. Tenía pensado escribir por aquí algún día sobre las muchas sentadas que he pasado frente al teclado. Esa vida como en suspenso que es la de estar tecleando en casa o en un café, manía que desarrollé a principios del siglo XXI. Las sentadas. Daría para un relato autobiográficoliterario que no interesaría a nadie, pero oye.

Pienso en si ay algo de rebelde en esa actitud sentada, y recuerdo aora una escultura egipcia antiquísima titulada El escriba, de un tío sentado escribiendo, gestas faraónicas seguramente, porque ese tipo de protoescritores lo acían sentados, en la postura de la flor de loto. Algo que ver con el post de ayer, una cosa como de salirse del sistema como único gesto de decencia y dignidad. Aquello de que un ser completamente adaptado en un mundo enfermo no deja de ser otro enfermo. Yo e sido muy feliz en esas sentadas, la felicidad del soldado en su guerra, y recuerdo una primavera del año 2009 en que leí un libro que el próximo 7 de mayo reeditará creo que Taurus, y que se llama En defensa de los ociosos, de Robert Louis Stevenson, que escribió más cosas que La isla del tesoro. Era un libro finito, editado entonces por Gadir, en azul, y daba categoría de derecho a la decisión de no acer nada, porque esa renuncia a la acción tiene en realidad algo de sabio, como de construcción de unos armazones internos que no se ven, como la ache a la que renuncio oy, pero que quizá sean fundamentales. Y porque en el no acer nada siempre se está aciendo algo, en realidad, y el otro día leí en un libro sobre cómo escribir guiones lo importante, precisamente, de no escribir para que todo se recomponga por dentro: flujos creativos que se cuecen mientras dormimos o acemos la compra. Siempre estamos aciendo algo. Y qué mal le sienta a la gente que no agas nada. Quizá por eso se inventaron las islas desiertas, para que los Alexander Selkirk y quizá Stevenson que viajó mucho se fueran a acer nada sin las monsergas de sus vecinos.



Por mi parte, e decidido no escribir nada asta el otoño próximo. Un poco también para dejar de vivir esa vida en suspenso que implican las sentadas literarias. La última duró cuatro meses y me dejó cansado. Acer lo que a uno le gusta y en lo que cree, aunque sea con la ilusión del iluso, siempre aporta felicidad y sentido a los días. De echo, cuando se pone el punto final sobreviene una satisfacción pero también un desconcierto como de mar ingobernable. Le escuché decir a Almudena Grandes que esa vida sin novela le era realmente triste. Llevar a los niños al cole y volver a casa sin nada que acer. Por eso quizá se a embarcado aora en la ambiciosa redacción de la posguerra entera por entregas. Son bonitos esos proyectos, pero también le dijo Salinger a un visitante que fue a verle que era el oficio "más demencial". Ojo.

Tenía pensado escribir oy, por aquello del Dos de Mayo, de uno de laureados ombres de aquel aciago día: Jacinto Ruiz de Mendoza, nacido en 1779 y muerto en 1809. Un coetáneo doscientos años más viejo. Me interesa esa idea. Quizá mañana. Asta mañana.



Roberto Luis Estébanez

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