'El futuro' y la gran resaca española

Ver la imagen de Felipe González como asesor o lo que sea de Gas Natural, cargo por el que cobra 126.000 euros al año, a los que se suman los 80.000 de renta vitalicia por ese estatus tan grato de expresidente de las Españas y pensar que es el final más coherente con esa biografía, la del González que destilaba carisma en 1982, y el González de ahora, como es coherente esa película, 'El futuro', al hablar de una fiesta demasiada larga, que ahora acaba.

La idea de que estemos viviendo ese parpadeo molesto y fluorescente, blanco, hiperrealista, de cuando se encienden las luces de la sala y se acaba la evasión, adiós a Indiana Jones, mañana es lunes y al cole. Fin de fiesta.

Me he echado un par de cabezadas viendo esa película y cuando ha terminado ni yo ni el resto de la sala del cine Doré hemos querido aplaudir. Había un pequeño cabreo reconcentrado en nuestras sienes por haber dedicado hora y media de nuestro viernes noche a ver esa película, una película que evoca una fiesta de los primeros ochenta en Madrid. En una de esas casas de pueblón manchego y maderas pretenciosamente pobres, clasemedianescas, que tanto abundan en nuestro Madrid.




Diálogos que apenas oímos, diálogos irrelevantes, música ochentera en la que apenas reconocemos, al menos yo, un éxito manido, modas de la época, joder, qué dura esa época y el entusiasmo de quien se quita de golpe y porrazo 36 que no 40 años de franquismo rancio y una Transición que es como un ir al dentista del que no sabes cuándo va a terminar y si vas a salir entero de la operación.

No es bueno sufrir, pero es bueno haber sufrido, dijo alguien, y quizá con algunas pelis pase algo parecido, y creo que con esta de Luis López Carrasco pasa eso. Me alegro de haberla visto, aunque en algún momento haya estado tentado de pirarme en plan digno por la puerta trasera. Son películas experimentales, películas metáfora, que cursan con cierto esfuerzo por parte del espectador pero que este, si las asimila bien, no las olvida tan pronto. Me pasó algo parecido con una proyección de Nathaniel Dorsky: planos de sombras, de reflejos, de tallos, de pétalos, de alas de mosca. Pero joder, qué belleza en todo eso. Quizá el director haya visto algo de Dorsky, en cualquier caso se aprecia la vocación de capturar una atmósfera, cosa ambiciosa, loable, y solo permitida a los buenos poetas.

La película me ha empezado a gustar más conforme sus responsables la defendían, en el coloquio posterior. La idea de una entrada en la democracia como una especie de regalo que le llega a la mayoría de esos españoles clase-media que, en lugar de tratar de sostenerla, se dedican a gozarla. Es la época de vacas gordas que narra Antonio Muñoz Molina en su recomendable 'Todo lo que era sólido'. Cabría preguntarse cómo se sostiene o apuntala una democracia y un estado del bienestar, cómo se hace individualmente, pero quedémonos en la propuesta metafórica, que no es poco.

Y el recurso a la música alta que impide oír los diálogos con nitidez, unos diálogos que por otra parte no nos interesan, como reflejo de una sociedad en la que el matiz y el trazo fino acaba arrumbado por la grosería, por la astracanada, los pezones de los que mana leche de una de las invitadas a la fiesta, y donde es imposible cualquier comunicación serena. Todos conocemos bien esos ambientes: España. 
Una suerte de carnaval que ha durado cuarenta años y del que podríamos estar viviendo su amarga resaca.




Comentarios

  1. Siempre que pienso en Felipe González me acuerdo de esta canción de Vainica Doble:

    https://www.youtube.com/watch?v=xNZ-qt9R1kE

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  2. Ahora la escucho. Por cierto, la canción de Aviador Dro y Nuclear Sí ¿no es extrañamente parecida a la de 'El mar' de Manel??

    Supongo que lo habréis comentado

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