Zumbido

Han pasado tres semanas. Aparecieron a las cinco y media de la mañana, un 12 de marzo. Dos días antes, había visto la película Oírse, de David Arratibel, que trata sobre el tema: los acúfenos o tinnitus. Los tres meses anteriores estuve escuchando música unas diez horas al día vía auriculares, en procesos de alta tensión creativa. Que digo yo que cuando uno está más receptivo, más en trance, más sensible es a lo bueno y a lo malo. También a esa música que quizá escuché en exceso. ¿Tuvo algo que ver la película? Hay un momento en que reproducen ese sonido, a alto volumen, y temo pensar que el cerebro lo asimiló como algo suyo y se produjo una imitación o algo. ¿Cuál fue la causa? No lo sé. 

En estas tres semanas he vivido pensado que era una mera sugestión. No podía ser tanta casualidad. Ver una película y llevarte los síntomas a casa. Uno es neurótico pero hasta cierto punto. Mastiqué incluso una pre-felicidad, la que sentiría cuando me liberara de este yunque y pudiera correr con la ligereza habitual. Pero parece que el cabrón no se va. Cuando pensaba que lo tenía controlado, porque en el trasiego del ir y venir está como latente, aparece. Y aparece en los silencios del cine y eso ya jode un poco porque ver una peli como Nebraska con esa nueva compañía es ver menos esa peli. 

Y eso es, sobre todo, lo que me preocupa. El ser menos yo. El tener las fuerzas creativas menguadas, porque uno está más pendiente de ese nuevo inquilino, y me jode porque el yo, ese yo siempre en construcción, dinámico, que tenía hasta el 12 de marzo me satisfacía bastante. 

Leo por internet, cosa que no hay que hacer, que el tinnitus o acúfeno no se cura. Que te acostumbras como mucho, pero ese acostumbrarse es un concepto muy relativo. También el cojo se acostumbra a su cojera, pero le gustaría correr como solía. También pienso que me puede aplacar cierta ansiedad, aunque de esa ansiedad también manaba el flujo creativo. Es pronto para saberlo. Igual hasta me viene bien, un regulador de energías que en el fondo me haga ser menos disperso. Tendría su coña. Igual es hasta un regalo, poniéndonos optimistas extremos. 

Pero tiene algo de pequeño secuestro, por la incertidumbre más que nada, en el que esperas que mañana sea el de la liberación definitiva. Y llega mañana y no pasa nada. Como cuando en el norte de España amanece otro día nublado y lluvioso, y nadie les puede asegurar cuándo llegará el sol. 

De momento no me amarga la existencia, pero es una presencia que prefiero que se largue. Recuperar la belleza del silencio. Si vuelve, lo celebraré. Si no vuelve, asumiré con entereza estas aristas que la vida te presenta de vez en cuando y que hay que comerse con patatas. Solo me preocupa ser menos yo, una versión mitigada de mí mismo, un Sansón rapadete.

Comentarios

  1. Te he nominado a los premios Liebster Awards ---> http://bajandolibrosdelaweb.blogspot.com/2014/04/nominada-liebster-award.html

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  2. Lea usted sobre el Síndrome de Méniere. Quizá usted esté padeciendo la punta del iceberg

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  3. Vértigos no tengo, así que no lo tengo tan claro. Iré al médico si la cosa sigue.

    Gracias

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