Alabanza, de Alberto Olmos

Pensaba leer esta semana, santa ella, Las correcciones, de Franzen, pero no he pasado de la página 10 y estamos ya a jueves, santo él. Quizá tengo aún una cierta resaca literaria tras meterme entre pecho y espalda en apenas unos días la última novela, autobiográfica ella, de Alberto Olmos: Alabanza.

El propio Olmos me confesó una noche, en Il morto ché parla, Lavapiés, que había escrito un libro importante. Que después de haberlo escrito había quedado con algo también parecido a la resaca, que pasaría un tiempo considerable hasta que volviera a publicar ficción, porque este libro, al margen de la autobiografía, es ficción en estado puro. Literaty fiction de la buena. Lo mejor, in my opinion, del autor hasta la fecha.

Hablando con amigos les comentaba mi enganche con el libro, al que definí como "muy literario, no hay apenas trama", dato que les sorprendió, como si lo literario, lo verdaderamente literario, fuera la destreza del autor para armar una trama como la catedral de León. Yo entiendo la trama como vehículo para sostener otras cosas más importantes, de las que a menudo se olvidan todos esos libros que pueblan las mesas de las grandes superficies y que si algo son es trama. Me la pela la trama. 

No obstante, aun pelándomela, creo que hay tramas diremos que invisibles que hacen que el lector, o al menos este lector, quiera seguir leyendo. La curiosidad. Ver qué pasará. Basta suscitar esa pregunta en el lector, se me ocurre ahora, para que podamos hablar de trama. Y a mí en Alabanza me apetece saber qué pasará con Sebastian y Claudia, me apetece saber más de Sebastian, de por qué vuelve a ese pueblo, de su relación con ese pueblo, de su relación con Madrid, de ese nombre que un día se puso pero que no es el suyo verdadero, y cómo a veces hay quien se construye un personaje, aunque sea una persona, para huir de ese personaje o persona del pasado, del que reniega por la razón que sea. 

Hay mucho en Alabanza de asunción de esos dos personajes-personas, el Sebastian y el Sebastian sin seudónimo, y en esa exposición de esa circunstancia la literatura autobiográfica alcanza quizá sus cotas más elevadas. El negro sobre blanco genera una claridad nueva al autor que se autobiografía y al mismo tiempo resulta nutritiva al lector, no solo porque conoce con más hondura a un personaje-persona, sino también a sí mismo, porque todos tenemos un yo pero también otros yoes, alter egos. En ese sentido me interesa la literatura autobiográfica, y no tanto por el relato por el relato de unos hechos más o menos comunes, como me ocurrió con Entresuelo de Daniel Gascón, de cuya lectura me apee tras una decena de páginas que juzgué irrelevantes. 

Al margen de esa cuestión, quizá nuclear en este libro que me recordó en su estructura y su fuerza narrativa, no exenta de mala leche y libertad creativa, a los Relatos autobiográficos de Thomas Bernhard, autor fetiche de Olmos, el libro está lleno de pequeñas epifanías. Esas que también encontré este año en Limbo, de Agustín Fernández Mallo, y que tienen que ver con esa cosa fundamental en la vida y en la literatura: desautomatizar la mirada. Volver a ver las cosas.




Lo hace Olmos desde la primera a la última página de este libro afortunado, y se ofrecen unas revelaciones con las que el lector medio se siente identificado, con un lenguaje que se distancia de la pacatería de otras prosas contemporáneas españolas, en exceso prudentonas. En Alabanza se da cita el cultismo más pertinente, encajado yo diría con una elegancia marca de la casa, y los vulgarismos más necesarios, porque la expresión "mi polla en tu coño" no deja de ser fascinante, una desautomatización llevaba a su mínima expresión de ese peculiar acto del ayuntamiento carnal. 

Mención especial merece lo que vine en llamar, como comenté con Sara Bernard, que ha leído con más fascinación aún que yo este libro, el panegírico a la polla de la página 101, sin duda lo mejor que se ha escrito y se escribirá jamás sobre el viril miembro.
Impresionante vuelta de tuerca el género de la literatura autobiográfica que nos regala Alberto Olmos en Alabanza, sin corsés, sin autocensuras (que sepamos) y con gran derroche literario. ¿Novela ruralista? De alguna manera sí, y no será descabellado incluirla en esa corriente que ya vienen cultivado los Jesús Carrasco, Jenn Díaz o Lara Moreno y que nos plantea una vuelta a lo rural por cuanto tiene de mundo concreto, frente a las abstracciones líquidas de la gran ciudad y de la era Facebook, con sus "extraños abismos de nada", que diría Elvira Navarro en La trabajadora

No es una "alabanza de aldea y menosprecio de Corte" lo que encontramos en este libro, sino una alabanza a la literatura, simplemente y, ya que estamos, a la vida. Quien se precie de amar estas dos cuestiones sin importancia, literatura, vida, debería leerlo ya mismo.

Comentarios

  1. El "panegírico al feminismo" le da mil vueltas. Cada uno, con lo que entiende. :P

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  2. Me alegro de que esta obra os esté gustando a tantos. Sin embargo, veo que a pesar de las 'alabanzas' ajenas, de momento deseo/prefiero seguir anclada a mi (pre)juicio. Saludos.

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  3. Querido company: yo acabo de leer en 'En la orilla', y me reencontrado con la literatura del 'anti-ego', por ende social. Comparto tu fascinación por el amigo Olmos, pero ya me empieza a escocer el ombliguismo de tantos autores contemporáneos. Hubo un tiempo, no muy lejano, cuando la creación literaria y, por ende, el juicio sobre la misma se gestaba en el espacio de la cercanía y la conversación. No tanto en la admiración por la soledad, o la soledad por la admiración, tanto da. Testimonio queda de esa época en las dedicatorias de ciertos libros cuya lectura me enorgullece por los envejecidos amigos y deprime por...¡qué se yo, mi presuntuoso fracaso, los contemporáneos 'éxitos' o -simplemente- el estado de las cosas! Se escriben novelas de distancias infinitas entre el ego y el cosmos, y yo hecho de menos novelas que nos cuenten qué de cerca estamos del otro y, pese a ello (o tal vez por ello), cuán distante queda el infinito.

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  4. Fe de erratas: donde dije 'hecho de menos' debía figurar 'echo de menos'.

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  5. Bienvenido a este foro amigo, estimado Flaneur

    ¿Qué te pareció 'En la orilla'? En cierto corrillos he escuchado que no es gran cosa, pero que nadie se atreve a decirlo en público

    El otro día descubrí a un autor que creo que te gustaría, escribí sobre él. Se llama Witkiewicz y su obra maestra es 'Insaciabilidad'. Te pega. A mí me gustó mucho, quiero darle una segunda lectura, porque lo leí quizá demasiado rápido.

    Queda pendiente un café filosófico mañanero ; )

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