Un descanso, una relajación

Todavía no se han inventado, que yo sepa, los gimnasios mentales. Los spa para el cerebro, los balnearios del coco. Bueno, sí, miento. Ahí están las academias de yoga. Desde hace unos meses, acudo a una, al menos dos veces por semana. ¿Funciona? Sí. El otro día pronunciaron una cita budista de siglos de antigüedad, que pone en solfa que lo del pensamiento fragmentario lo haya traído Facebook y la Generación Nocilla: "La mente del hombre es como un chimpancé borracho al que le ha picado un escorpión". Pensamientos y pensamientos saltando de rama en rama. Nos pasa a todos, aunque quizá más a los que escribimos, porque escribir es añadir un poco de absenta y cuatro red-bulles a ese mono saltarín e hiperexcitado. 

Por eso, cuando se acaba un proyecto literario, se apaga el ordenador, pero no la mente. Necesito un descanso, una relajación, reconoce Fernando Aramburu en esta entrevista (a partir del segundo 45), sobre todo después de escribir novelas testimoniales, en las que uno se entrega. Porque, aunque a mí siempre me ha parecido más difícil escribir una Catedral del mar, con sus intrigas, documentaciones, tramas que tienen que casar, aunque luego el resultado no aporte mucho al alma, los libros más intimistas puede que cansen más. 

O los libros en los que uno tiene que hacer un esfuerzo de rescate memorialístico, y embadurnar todo de literatura, trabajar con esos recuerdos fermentados que se convierten en algo distinto a la realidad, porque la realidad es pobre y lo que nos interesa es el efecto. Mallarmé a Manet: "No pintes el objeto en sí, sino el efecto que produce". 

¿Cómo descansa el escritor? ¿Cómo darle una paliza a ese mono saltarín al que le va la marcha y que se resiste a quedarse dormido? 

No es el mayor drama del mundo, porque además, queda la satisfacción de haber cumplido el objetivo, el de haber puesto esa última palabra, vale, en El Quijote, que sin embargo no es la última. Incluso con el libro impreso y en librerías, uno sigue masticando tal pasaje, pensando si no habría sido mejor suprimir tal párrafo, tal mención, tal digresión.

¿Cómo cerrar el chiringuito mental? Quizá empezándote por no sentirte mal por pegarte un tiempo, una dos, semanas, sin hacer ni el huevo, en las fosas Marianas del low profile, invitando a tu mente a emular la elegante y bella línea del encefalograma plano. Recomendable cosa, por otra parte, en términos de salud mental y de recarga de energías para los posteriores proyectos.


Comentarios

  1. A mí me ayuda el deporte. Someterme a una paliza en bici para que me falte el oxígeno y que deje de llegar a la cabeza para que todo se ralentice. La falta de oxígeno genera un bienestar extraño.

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  2. Cierto, lo sabían los indios chamanes con lo de la danza del fuego y esa respiración entrecortada (lo probé una vez, en las Bardenas) que te deja medio alelado y en trance total...

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