Teoría de los vendedores de rosas

Cada vez me resulta más difícil encontrar un bar en el que sentarme a leer y no parecer un bicho raro. Sobre todo sin son más de las nueve de la noche y hay fútbol. Muchos bares son solo de barra, otros tienen demasiada música, poca luz, están vacíos o simplemente deprimentes. Echo en falta el café parisino, espacios con decenas de veladores, muchos de ellos que dan a la calle, donde uno puede tomarse un algo y leer la prensa vespertina o un novelón decimonónico sin levantar sospechas. Los pubs irlandeses o ingleses tampoco suelen servir, fútbol a alto volumen en formato multipantalla y por norma general poca luz, a esas horas extrañas en las que a veces me da por salir a dar un paseo.

Total que encontré ese bar de jazz un poco pasado de moda para parejas que se besan y me puse a terminar Kassel no invita a la lógica, libro que sin entusiasmarme me ha estimulado intelectualmente, creo que de manera parecida a lo que le pasó al autor, Enrique Vila-Matas, con la documenta de Kassel y su orgía performática.

En un momento dado entró uno de esos vendedores quizá pakistanís de flores y objetos luminosos y horteras. Se acercó a mi solitario rincón de lectura de vanguardia (o lo que sea) y a la pareja de besadores. ¿Quién iba a comprarle algo al desgraciado mercachifle, en esa silenciosa noche de martes? Quizá en los bares donde emitían el partido de la Champions. Pero seguramente no. De pronto vi claro el modus operandi del vendedor ambulante, y cómo para él la semana no era sino una inversión para el fin de semana, verdadero pico de las ventas. El resto de los días, tristes lunes y martes, apenas hace caja, pero hay que salir de casa, amigo, o uno se viene abajo. Con el tiempo ha descubierto que las no-ventas no son inútiles, por eso no insiste tras el primer no. Sabe que ha vendido algo, porque cada negativa es una especie de "futuro", que se traducirá en próximas ventas. Porque el vendedor sabe que va horadando nuestra conciencia, y que al cuarto no viene un sí, y con esa perspectiva va, incluso sonriente, de bar en bar, de terraza en terraza, incidiendo en nuestras carteras y en nuestras mentes, sin que nos demos cuenta. 

Son, sin pretenderlo, encarnaciones pasajeras del capitalismo, ese lobo con piel de cordero.

Comentarios

  1. Estaría bien si en estos pequeños rectángulos de texto, se pudieran plasmar los gestos que hacemos mientras leemos.

    El mío seria una casi sonrisa con un Jmm, de -lo volvería a leer una vez más- claro...

    Un abrazo.


    PD: Espero que este comentario no sobrepase el grado de PH requerido para salir del tintero.

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  2. Ese final me ha recordado al talante irónico de alguien (P.U.)

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