El futuro (post cafeinado)

Quiero ver esa película, El futuro, que hay quien dice que una obra maestra y otros un ejercicio de estilo vacuo y pretencioso. También quiero ver Her, porque intuyo que en esa historia se concentran algunos de los mitos del presente, desmitificados o señalados con una lucidez de las que te dejan un reguero de corriente fría en el espinazo. La idea de que esta sociedad hiperconectada sea una especie de espejismo, una ilusión de vida que no es tal. Que esos momentos de plenitud que conseguimos orquestar en una existencia, la nuestra, de la que creemos tener el control, sean en realidad vahos espirituosos. 

Pero yo quería hablar del futuro, si es que estamos preparados. Veo las promociones de una nueva serie de televisión, Busco novio, con una mujer que no parece Betty la fea aparentemente agobiada porque no encuentra esa pareja que le colme. ¿Demasiada exigencia? Las maneras de relacionarse están cambiando. No tanto la biología, que sigue empeñada en la procreación, lo que conduce a las mujeres, no todas, a seguir teniendo deseos de encontrar a ese novio que les convierta en madres. ¿Y los hombres? ¿Y la igualdad? Comentábamos en Facebook cómo en los países nórdicos el acceso de las mujeres a las áreas de poder ha generado una vuelta de tortilla del paradigma social que se traduce en unas cotas de violencia doméstica preocupantes. Cada cambio implica traumas, grietas, heridas, hasta que logra asimilarse del todo. 

No sabemos cómo serán las relaciones del futuro o la vigencia que tendrán los contratos amorosos en un mundo cada vez más proclive al cambio, a la saturación de oferta y la entronización de la experiencia, a la bulimia vivencial. 

Pero este post no nace con un tono alarmante, sino motivado por una idea: la asunción de un sentimiento tan sencillo como complejo, el de que el futuro, y en concreto, la España del futuro, está por hacer, y no sabemos cómo será. Murió Carrillo y con él una época, la Cultura de la Transición, que dicen algunos: ¿qué tiempo es el nuestro? ¿qué vendrá después? No lo sabemos, pero esa incertidumbre puede albergar la esperanza de un país menos chabacano que el que nos ha precedido desde el 1 de abril de 1939. Y a pesar de que algunos quieran llevarnos hacia una especie de tecnocracia extemporánea, también cabe pensar en que afloren proyectos que en el pasado no tuvieron su oportunidad, renovados y cristalizados en la acción de cada uno. 

Uno ve una ciudad, Madrid, con locales más modernos, tiendas más cuidadas, un amor por las cosas que implica dejar atrás esa tosquedad marca de la casa y piensa en un resurgir a mejor, más allá de la cultura del pelotazo. En una progresión cultural que avanza, lenta y latente, como un ejército silencioso pero que se deja notar, en las mesas de las librerías con unas ofertas cada vez más exquisitas, por ejemplo, mientras en nuestro cacareado país vecino se consolida una culturilla ramplona como de Carrefour y años noventa que parecen instaladas de por vida. Es una manera de verlo, parcial, pero no por ello menos real. ¿La visión panóptica es más real?

Pequeños rasgos y señales, de que la cosa, el futuro, puede ser un espacio quizá más pobre en lo material, pero más rico en lo importante, siendo esto lo que cada uno quiera. Y la certeza, estimulante también, de que no tenemos ni idea de lo que nos espera.

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