7.3.14

And I love HER

¿Realmente me gustó? Sí, pero con matices. Vamos con ellos.

Supongo que lo de HER será un guiño al HAL de 2001: Una odisea en el espacio. La idea de hablar con una máquina, una máquina tecnológicamente humana, que acaba superando su código binario para dar ese salto cuantitativo que le dota de alma, ese programa que todavía ningún nerd ha sabido crear. Pienso en el coche fantástico Kit o en Número 5, de Cortocircuito. E.T. tenía alma, pero era un marciano, o jupiteriano, y nadie nos ha negado el alma de los extraterrestres. 

Sinceramente, creo que el recurso a la ciencia ficción de HER es una pirueta muy hábil del señor Spike Jonze, que tonto no es, ni vago tampoco, como demuestra su notable carrera. Quizá precisamente por eso, por ser ya zorro viejo, y autor de películas muy agudas en la cosa del guión como Adaptation, me lanzo a la piscina al decir que HER tiene algo de vuelta de tuerca aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid en términos de creatividad narrativa. 

Porque yo lo que veo es una sublimación de unos hábitos muy contemporáneos: los del flirteo on line. Esas relaciones que surgen con un simple "hola", desde tu cama, legañoso, o resacoso, o con dos vinos, o griposo, o todo lo que acabe en -oso que queráis. Relaciones virtuales que, como decía Kafka de las cartas, tienen algo de fantasmales. ¿Quién está al otro lado del chat de Facebook, o del perfil de tal página de dating on line, o de aquellas salas de chats de finales de los noventa? 




También se podría decir que en HER se hace de la necesidad virtual, y partiendo de esa premisa, se crea una peli de ciencia ficción que nos hace plantearnos si realmente habrá un futuro en que no necesitemos a los humanos para colmar nuestras necesidad de afecto. Permitidme que lo dude, aunque por un momento en la película parece posible. 

HER coge el patrón de un hikikomori común y con eso crea una historia, a la que embadurna con toques futuristas, pinganillos mágicos y pantalones por encima del ombligo. Y en ese sentido nos hace reflexionar, porque todos hemos sentido alguna vez ese dilema de bajar a la calle o quedarte bajo tu manta de domingo pelando la hebra virtual, y hemos optado por lo segundo. También mantenemos amistades con gente a la que nunca hemos visto en persona, y estas se prolongan en el tiempo, y quizá sea todo eso un poco HER, como también lo fue la relación de Helen Hanff con su librero en 84, Charing Cross Road.

Me pareció estimulante esa posibilidad, que siempre está ahí: la de renunciar a relaciones sentimentales reales, con sus molestias del trato humano, por esa cosa entre platónica y abstracta de lo virtual. ¿Hemos llegado un poco a ese punto? Pues a lo mejor. 

Todos somos un poco Samantha y Theodore Twombly en cuanto que no estamos enamorados de 641 personas a la vez, hablamos con 8.321 contactos, pero alguna vez, en ciertos foros virtuales, hemos podido experimentar esa cosa. Y lo de Theodore, pues porque como seres enamoradizos que somos, podemos caer víctimas de los encantos de cualquier ente 2.0, como promesa de una realidad, más que de la realidad misma. Porque como dice Punset, la felicidad está en la antesala de la felicidad. 

Creo, como dije, que la peli es un buen ejercicio de cómo convertir una experiencia concreta (horas de vuelo en las redes sociales más o menos dedicadas al flirt) en una historia universal y de ciencia-ficción que nos haga pensar. Vale, también como cursillo acelerado de guionismo sci-fi. Sin ser redonda, ni haberme conmovido, al menos me provocó algunas reflexiones, como demuestran estos párrafos desordenados, lo cual no está mal del todo. 




No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada

Instagram

Archivo del blog

Google+

Sígueme en FB

Sigue mis entradas por email

Naugrafianos

Colabora con este blog

HABANA 2009

HABANA 2009
YA A LA VENTA

Secciones

el origen de todo esto, disponible aquí.

HAZTE ESCRITOR

Lista de blogs