Poetas y otras especies

Quizá sea una de las artes en la que más fácil puedas dar el pego. Apañas unos versos, muy sentidos, te embebes de cuatro autores fundacionales, Lorca, Juan Ramón, Machado y sumas luego algún 'raro', un novísimo, un rapsoda ceutí al que eriges como tu mentor lírico y a posar en la prensa local. 

Quizá, como moscas a la miel, esos seres humanos con vanidades mal gestionadas acudan a la poesía como principal catapulta a sus egos marchitos y doblegados a base de collejas en el instituto. El Parnaso se les presenta como el camino más corto para henchir el pecho y, a pesar de sus precoces alopecias, comisuras con babilla blanca y pelotillas en sus jerseys dignos de José Luis y sus chaquetillas, echar algún casquete inesperado con alguna grupi. 

Solo rivaliza con la poesía el microrrelato, género particularmente accesible para el advenedizo literario común, que leyendo a tal autora argentina y a tal brillante cerebro malagueño consiguen perpetrar cuatro párrafos, plagados de comas bailarinas y peores ataques a la puntuación, que les permitirán hacer "vida literaria" en algún café de Valladolid. 

Podrán así "expresarse" y, codearse también con otro tipo de artistas emergentes: los fotógrafos de viajes y los pintores de lo que podría llamarse nuevo expresionismo abstracto made in Aluche.

Armando Buscarini, rijoso aspirante a Baudelaire riojano 
de principios del XX


Retratar o caricaturizar a esta particular fauna cultural me parece algo que se dice mucho ahora de los libros, como si fueran vacunas contra el sida: necesario. Por ello leeré con ganas 'Ávidas pretensiones', el premio Biblioteca Breve que acaba de llevarse el donostiarra afincado en Hannover Fernando Aramburu. También por las palabras que de la novela ha dicho Pere Gimferrer, miembro del jurado:

“Este libro no trata ni de poesía ni de literatura porque los personajes no hacen eso; los personajes confunden carrera literaria con literatura, la sociedad literaria con la literatura misma y escriben o por vanidad o por conformismo, por un extraño afán de notoriedad”.

Y las del propio galardonado: 

 “No es una revancha contra la poesía, solo me pareció que los poetas dan más juego literario que los novelistas, que hoy veo más como colegas de oficina; los poetas conforman un mundo más cerrado, lleno de rivalidades, narcisismo y dignos de parodia”.

Y por los personajes que ha metido en escena, como la apodada la Nívea, "cuarentona dispuesta a todo para ser incluida en una prestigiosa antología", señala el redactor de El País en la pieza.

Pequeña contribución a un distingo básico pero importante: 


vida literaria ≠ literatura.

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