Madrid no es Springfield


Madrid no es Springfield, una de esas ciudades de tamaño manejable, de las que le gustarían a Chesterton, que decía que si una ciudad no te la puedes patear de punta a punta en una tarde, es demasiado grande. En los Springfields del mundo yo nací en uno de ellos—, uno da con sus límites en cuanto se pone a pasear un poco a lo grande y se siente un poco el Truman del Show, encerrado en un universo acotado; no sé qué pensaría de eso Chesterton, o Thoreau, o algún catedrático en paseos, pero es verdad que cuando uno se pone en plan flâneur no quiere límites: París no se acaba nunca.

En todos esos Springfields, además, hay toda una serie de personajes habituales que uno se va topando día sí día también. Es como la visión social del salón de actos del colegio de Bart y Lisa, lleno de caras conocidas: el psiquiatra Marvin Monroe, Patty y Selma, Willie el escocés, Moe, Otto, el actor secundario Bob. Personajes de cuya muerte, en Springfield, uno se entera y hasta le apena; en las grandes ciudades la gente muere a diario y nadie llora.

En Springfield, pues, uno interactúa con esa red social a escala humana, y por todas partes ve a esos 'amigos' de Facebook con los que apenas sí se saluda, pero que forman parte de una extraña red: el quiosquero de la Taconera, el vendedor de cupones del Paseo, el bodeguero de San Nicolás, el gremio de castañeros, del cual uno conoce vida, obra y leyendas urbanas varias, el farmacéutico ojeroso del que uno se pregunta cómo es que no ha muerto de rutina: caramelos para la garganta, por favor. 

Y luego están los seres con los que uno tuvo algún tipo de trato y cuyo saluda se evita por una mera cuestión práctica: antiguos compañeros de colegio, de autoescuela, de academia de inglés, de universidad, de clases de cerámica. Y profesores del colegio. 

Ayer, a la altura de los estudios de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE, por Antón Martín, la vi. Era una profesora de ciencia naturales que me dio clase hace 22 años, en séptimo de EGB. Nos dictaba la anatomía humana y decía una expresión que a todos nos chirriaba: "La tráquea se continúa en la epiglotis". ¿Qué es eso de se continúa, señora? 

¿Qué hacía fuera de Springfield esa profesora de ciencias, a todas luces jubilada? ¿Qué tipo de encuentro desubicado era ese, como si de pronto hubiera habido un error de guion en el Show de Truman y todo empezara a hacer agua? ¿Qué tipo de cameo era ese, similar al de Kelly Taylor, de Sensación de Vivir, cuando se coló en el capítulo de Melrose Place para enrollarse con Jake el motero

¿Qué conclusión saque de todo aquello? Solo una: Madrid no es Springfield.