Facebook, tabaco y libertad


Tras más de seis años (Te uniste un 27 de noviembre de 2007, señala mi historial) en Facebook, apenas había estado unos días fuera de la red, exceptuando un par de viajes de cierta consideración, en la era pre-smartphones (en mi caso, me sumé a la era smartphone algo tardíamente, un 17 de septiembre de 2011).

Nunca me planteé no alimentar a ese tamagotchi que cada vez pedía y exigía más, como un niño que al principio solo pide teta y luego juguetes, libros de texto y academias de alemán. Como en mis tiempos de fumador (julio 1994-septiembre 2002) no me apeteció dejar de fumar mientras fumaba. Aunque algo en mi interior, un pequeño pepito Grillo de la cordura decía: algún día lo harás. Esa voz, lejos de amargarme, me hacía disfrutar más de cada calada; y de cada discusión sobre el sexo de los ángeles en Facebook. 

Recientemente, me animé a probar a estar una Semana Sin Facebook (SSF), un pequeño esfuerzo para el que contaría con aliados: Twitter e Instagram. Y este blog. Como el yonki de la heroína cuenta con la metadona, o el del tabaco con los parches de nicotina o los cigarrillos electrónicos

No creo que abandone nunca de todo Facebook. Tiene muchos aspectos interesantes desde el ángulo práctico y social: eventos, novedades de tus amigos, buenas y malas noticias de gente a la que uno aprecia. Hay información valiosa ahí dentro, y que se puede despachar en pocos minutos al día. Ese es el reto. Y no descuidar ciertas páginas personales, las dedicadas a aficiones o temas de interés, que también son enriquecedoras. O como tablón de anuncios de las cosas propias y ajenas. 

Durante unos ochos años fumé como un verdadero adicto a la nicotina. Un vicio que, además, alimentaba otros y Comer, beber y fumar se convertían en una especie de santísima trinidad que tenían feliz al animal que llevo dentro pero no tanto al yo que se quería más libre, free as a bird. Durante ese tiempo, miré con cierta admiración a aquellos pioneros del tabaco de liar, una forma de vivir el vicio sin el patetismo del Sabina de turno, esclavo hasta límites letales de ese monstruito dictatorial. 

Estos días alejado de la principal red social me planteaba por qué no variar mi consumo. Dejar de ser un fumador empedernido y enganchado a un moderado consumidor de tabaco de liar virtual. ¿En qué se traducirá esto en la práctica? No lo sé del todo, aunque creo que tengo una idea aproximada.

Porque esta semana ha sido tremendamente positiva. Como si me hubiera liberado de un ruido de fondo que había terminado por asumir, con cierta resignación, que sería perenne, Maricruz García te ha invitado a probar Happy Happy Cumple. 
He entrado a veces, he practicado ese voyeurismo parasitario que imagino que muchas veces se ha practicado conmigo. También he observado con cierta superioridad esa superioridad quizá injusta de quien se sitúa en la distancia, el sobrio de la fiestael trajín de los usuarios, como cautivos de los taimados deseos de Mark Zuckerberg. Como un corto de ciencia-ficción que vi en los ochenta en que un niño, de tanto jugar al arcade, acaba dentro de él para toda la eternidad. 



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