Judíos y espiritualidad

Sabemos, en realidad, poco de los judíos. Y lo que sabemos quizá venga de mitos y leyendas, de generalizaciones históricas que, a fuerza de repetirse, quizá desdibujen la esencia de la cosa. A saber. En las traducciones de Chéjov al español recuerdo estos términos, empleados como el peor de los insultos: judío y jesuita.


Uno pronuncia mentalmente la palabra judío (judío) y no llegan inmediatamente un tropel de connotaciones positivas. No pensamos tanto en Oskar Schindler ni en los miles de Justos entre las Naciones, sino en avaros banqueros ubicados en guetos de las ciudades españolas de los siglos remotos con sus narices aguileñas y las manos brillantes de tanto frotárselas.

Leo al Stefan Zweig de El mundo de ayer, que nació en una familia de origen judío, pero poco ("Mis padres eran judíos solo por un accidente de nacimiento"). No se educó en el judaísmo, pero en las primeras páginas del citado libro* describe con mucho detalle el modus vivendi del judío medio, así como su posición en la vida, sus aspiraciones como comunidad. Y me sorprendió descubrir, al menos según lo que dice Zweig, que el dinero no era la primera.

*(libro que en su edición francesa de bolsillo cuesta tan solo 7,60 euros, y son más de quinientas páginas. ¿Cuántos libros de bolsillo cuestán menos de diez euros en España?) 

"En el mundo judío, la aspiración por la riqueza se disipa a la segunda, quizá tercera generación dentro de una misma familia; y las dinastías más pujantes encuentran justamente a sus hijos poco inclinados a implicarse en los bancos, las fábricas, las actividades prósperas y boyantes de sus padres. Si un lord Rothschild se convirtió en ornitólogo, un Warburg en historiador de arte, un Cassirer en filósofo, no es por azar. Todos obedecieron a una tendencia inconsciente a liberarse de aquello que había encogido al judaísmo, la fría buca del dinero, y probablemente es por ahí donde se explica la secreta aspiración a escapar, por la vía espiritual, en todo aquel nacido judío, y fundirse en la humanidad común".

"Pensamos a menudo que, en la vida, el propósito principal y típico de un judío es la riqueza. Nada más lejos de la realidad. La riqueza no es para él sino un grado intermedio, el modo de alcanzar el objetivo verdadero, pero nunca un fin en sí mismo. La voluntad real del judío, su ideal inmanente, es elevarse espiritualmente, acceder a un nivel cultural superior".

Extractos extraídos de Le monde d'hier, de Stefan Zweig, y traducidos por el mendas para la ocasión







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