De burbujas y libros

El jueves pasado se celebró una interesante mesa redonda en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés sobre edición independiente, con los representantes de Salto de Página, Gallo Nero, Capitan Swing y Libros del K.O. Más datos, en este completo artículo publicado en Vozpópuli. Se habló de los temas propios al oficio, que si falta de tiempo, vida privada amenazada, vocación, amor por los libros, adicción por ellos, reconoció la editora de Gallo Nero, Donatella Iannuzzi. 

Fue ella misma quien abrió el tema, quizá delicado, de la relación entre editores y libreros, distribuidoras mediante. Un tema que hasta hace poco me era demasiado farragoso y que por fin asimilé con toda su nitidez: las editoriales ofrecen su material a las distribuidoras, que pagan por adelantado, y hacen llegar los libros a las librerías. Estas, con el tiempo, devuelven los libros que no se han vendido, y el editor a su vez devuelve también ese dinero "imaginario", a crédito, que ha cobrado, al distribuidor. Imagino que el distribuidor es quien ha impuesto este sistema, por una presunta negativa a vender libritos sueltos y a exigir el transporte de al menos un lote considerable de ellos, lo cual habría provocado el sistema de colocación, y no el de depósito, que es el que se usa en Latinoamérica, por ejemplo. Más eficaz, siempre que se pague, claro, como se señaló en la mesa.
  



Esa aventura a priori romántica, abrir tu propia editorial, sigue siéndolo (romántica, precaria, suicida incluso), pero también es cierto que el dinero por adelantado produce liquidez, aunque no tenga el aval de las ventas contantes y sonantes, y esa liquidez puede ser un señuelo jugoso para que se abran nuevas editoriales independientes. No solo nuevas editoriales, sino que se publique más y más, ya que un nuevo libro colocado en tal librería supone el dinero necesario para pagar a traductores, correctores, diseñadores, gastos de promoción, alquiler del local de la editorial, fotocopias, etc, e ir tirando, en un claro circulo vicioso. Así que habría que hablar sobre todo de burbuja de títulos, una cierta saturación de novedades que a la postre laminan el objetivo último con el que nace una editorial: el criterio de publicación. 

Por otra parte, dan color, del bueno, a la mesa de novedades, con una oferta de calidad, que alguien, quizá yo, llamó delicatessen editorial, que no deja de ser, burbujas aparte, motivo de orgullo.

¿Montamos una editorial?