2.1.14

Arrinconamiento catalán

Llevo mucho tiempo esperando una cierta epifanía de tipo político que me haga posicionarme de una vez respecto a la independencia de Cataluña como futuro geopolítico más o menos razonable. Hasta entonces, había ido posponiendo la soldadura de una opinión y, aunque no descarto futuros cambios de aceras de mis caderas, creo que la cosa se ha ido decantando. Hacia una papeleta más proclive al No ante esa pregunta que no responderé por no tener vela en ese entierro, y que reza así: ¿Quiere que Cataluña sea un Estado? 

Sobre la convocatoria de referéndum estoy en principio más de acuerdo, me parece una cosa sana de esto de refrendarse de vez en cuando, la Constitución debería ser más permisiva, aunque Javier Cercas presente unos razonamientos como muy sensatos y racionales que no me acaban de convencer. Aunque la debilidad de los referéndums, y de eso creo que no habla, es que al final los sostienen, van a votar, los implicados con la causa en liza, y esa gran "masa silenciosa" a veces queda subsumida, precisamente, en su silencio, invalidando de algún modo ese recurso que yo diría muy democratico. 'La espiral silenciosa', titulaba el otro día Francesc Carreras su artículo sobre todos aquellos que no se manifiestan, lo cual no significa que no tengan una idea del modelo de país que quieren.

Total que esta mañana, tras toda la noche en un autobús Barcelona-Madrid, después de haber perdido el transporte original que me llevaría de vuelta a casa en horas decente, ha llegado esa pequeña epifanía. Ha sido en el intercambiador de avenida de América, al sentir un ambiente menos opresivo y autolimitante, porque en Cataluña aún no hay fronteras reales pero se notan las invisibles que algunos levantan ya por libre.

Me ha llenado sentir de mi lado, en el mismo saco, a Ávila, a Badajoz, a Logroño, a Oviedo, a Belchite, incluso a Portugal si un día quisieran probar alguna fórmula de asociación. Jirones de charlas tras el fin de año en Barcelona y posiciones muy rotundas de los catalanes sondeados respecto a su futuro: "Independencia, claro". Y no digo yo que no haya que revisar el actual estatus fiscal y hacer cuentas de lo que no da y lo que recibe y buscar nuevos acomodos en política territorial. Pero así como pude plantearme la independencia y su proceso como un modo inevitable de ser lo que uno es (una nación con su lengua, cultura, historia propias, etc), cada vez lo veo como un sentimiento contrario al de la magnanimidad, una forma de arrinconamiento reduccionista, de terco deseo de ir por libre como si solo así se fueran a preservar las esencias, menos amenazadas que nunca.


Mercado de St Antoni, 1 de enero de 2014



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