Endometrio literario

Para que tenga lugar la fecundación no basta que óvulos y espermatozoides se unan dando lugar al embrión, sino que este se implante, se agarre, se adhiera, se aferre a las paredes del útero o endometrio. Un endometrio que, tras unas breves ojeadas wikipédicas y algo que uno ha oído por aquí y allá, es el verdadero responsable, la causa primera, o última, que nunca sé, de la regla en las mujeres. Porque la regla no es un capricho como otro cualquiera del cuerpo, sino que tiene que ver con una caída de niveles varios (estrógenos, progesterona) que hace que el endometrio se "diluya" y se vaya por esa especie de desagüe que en este caso es el útero.

Pensaba en cómo hay endometrios más aptos para la reproducción que otros, cómo algunos acogen con alegría a los cigotos y cómo hay otros que ven desprenderse a esos proyectos de vida sin poder hacer nada por evitarlo. Sin tener ni idea de estos asuntos, me resulta extraño que no se haya inventado una especie de película adherente pegacigotos para todas aquellas parejas con problemas de fecundidad y perdón por el probable disparate. 

Pero no quería hablar de anatomía y reproducción en este post, sino de literatura, de procesos creativos, y de cómo últimamente siento que este blog ya no es esa especie de endometrio depositario de ideas cigóticas que quizá podrían alumbrar una novela u obra mayor. Quizá estos textos míos no sean sino una microvida intrauterina, unos embriones que no dieron más de sí. Pero no iban tanto por ahí mis tiros como por el hecho de asumir cómo las ideas no encuentran pared a la que aferrarse, como han perdido cierto asidero que antes tenían, este blog, y cómo hago poco o nada por retenerlas. 

Cabría pensar en una pérdida de habilidades, en un agostamiento de las mucosas pertinentes que imposibilitan el agarre de esos jirones de vida literaria. O en una menopausia literaria, o simplemente en una pérdida de interés fertil-reproductor. 

O en el ingreso en un nuevo estadio más libre, menos pendiente de querer demostrar a cada vez el potencial reproductor que uno pueda tener. Una especie de madurez de las facultades que esperan una gestación realmente fértil y no el polvo de estrellas perseguido hasta ahora. Prefiero pensar eso, sí.


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