Madres jóvenes de otoño

Las veo en los actos culturales, con esos carritos de sus fetos hechos hombre un poco fuera de lugar, intrusos en los pequeños templos de cultura que no tienen ganas de trocar en guarderías o sitios peores. Las veo queriendo ser un poco todo a la vez y nada en concreto: madres jóvenes pero también actores, ¿actrices?, de la vida cultural de la ciudad de moda de turno y un halo de insatisfacción también desubicada recorre sus rostros o caras. 

Las madres jóvenes se hicieron madres un poco sin pensar y a veces se arrepienten de no haber pensado un poco más. Qué cosas más raras hacen los normales, dijo un tío mío. Las madres jóvenes descubren que tener un hijo no era tener un juguete de duración determinada para hacerse fotos en Pinterest. No, un hijo dura más que un gato, joder, dura toda la vida. No, un hijo dura más que toda nuestra vida. El gélido y lúcido descubrimiento de que tu hijo durará vivo más que tú. Al menos a partir de ahora: que lo ves indefenso rascando la roña del suelo de ese lugar cultural en que pega menos que un pulpo en el garaje de Steve Jobs. 

Las madres jóvenes no quieren decirle al mundo que por haber sido una vez madres no lo van a ser más. Así que practican una coquetería moderada que a veces acaba siendo un ni fu ni fa, un entre Pinto y Valdemoro de la seducción ante la cual uno no sabe a qué atenerse. Mayormente porque suelen estar casadas, o arrejuntadas, o aburridas de sus parejas en una cantidad no del todo superior a la fuerza necesaria para separarse. Y cuando descubren que quieren separarse: ya es demasiado tarde porque vaya putada dejarle al pequeño Hugo, Nico o Bruno esos niños suelen tener nombres de niños con régimen de visitas paternal y fría cordialidad frente al felpudo de la república independiente de tu casa. 

Las madres jóvenes son presas de no se sabe bien qué, de una felicidad quizá adulterada o que no es como la que proyectaban cuando llenaban de ropitas el armario de la Nancy. Las veo y siento su pequeño e inconfesable lamento interno. Porque estas madres jóvenes son un poco todo menos maternales. Eso les hace especiales, les confiere un aura de elegancia que no tienen otras madres jóvenes, pongamos, de periferia. Me recuerdan un poco a la mía.


Julia y su hijo John (Lennon) en un fotograma de Nowhere Boy.

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