18.11.13

Ideas para una charla (II)

Sigo rescatando material sobre la autobiografía para la charla que mantendré con Jordi Corominas el próximo 22 de noviembre en la FNAC Castellana, dentro de las conversaciones de Por el camino menos transitado, que coordina Marina San Martín. Será sobre el pudor autobiográfico. 

Me habló el periodista y poeta, valga la paradoja, Miguel Martorell de Más afuera, libro de ensayos de Jonathan Franzen al que ya tenía echado el ojo por cierto y aprovecho para recomendar de paso la lectura de Libertad.

Llené de subrayados la conferencia que allí aparece titulada Sobre la ficción autobiográfica. Repárese en que el título no es tan aséptico como parece y que estamos hablando de ficción autobiográfica, no de autobiografía a medias. ¿Un diario íntimo es ficción? Hay algunos, los de Trapiello, que lo parecen, por el estilo y la vocación netamente literaria, literatura literaria, que se dice, de sus páginas. Pero en lo autobiográfico los hechos narrados tienen, en mayor o menor grado, un correlato con la realidad. Y ahí reside su peculiaridad. El viernes saludé en el Festival Eñe a un joven escritor, Daniel Gascón, que me comentó que iba a sacar en Mondadori sobre su familia. Conocido como antólogo de Javier Tomeo, le pregunté si era un ensayo o qué cosa era. No, no, es un libro... atrevió a contestar, pero sin poca fe en la etiqueta. Me confirmó que habla de gente que existe y que de cosas que pasaron, así que le dije que yo para esos casos usaba una etiqueta, tan pedante como certera: la de realnovela. A saber, una historia que se apoya en hechos y gentes identificables por alguien más que el propio autor y que se cuenta con estilo y vocación literarias. La muy recomendable Missing, una investigación, de Alberto Fuguet, sería un buen ejemplo de realnovela.

Pero volvamos a la autobiografía y al pudor. Porque a Franzen esta cuestión le agobiaba, como reseñé hace ya varios meses en un diario que tengo pendiente de publicación. 

¿Por qué tienes que escribir sobre papá, sobre mamá?, le reprochaba uno de sus hermanos. 


Franzen y una pala


El propio Fuguet me confesó, cuando lo entrevisté en abril de 2011, que el escritor era un elemento "tóxico" en la familia, y que había que lidiar con él. 

Así me sentí durante tiempo, como con un sentimiento de culpa por haber escrito "sobre papá, sobre mamá", sobre mis propios hermanos, en Luz de noviembre, por la tarde, y no sobre los maquis, el exilio de Trotsky o las vidas de los represaliados por el franquismo del fuerte de San Cristóbal que durante años contemplé desde mi ventana. Pero no lo hice, como tampoco lo hice en el citado diario o en otra novela también muy autobiográfica que anda en busca de editor. 

Da de pronto una definición muy atinada de lo que debe ser para él una novela, sea muy lejana a los hechos autobiográficos o no tanto: 

Debe ser una lucha personal, un compromiso directo y absoluto con el relato que el autor hace de su propia existencia. 

Y cita aquí a Kafka, un ser que nunca fue un insecto repugnante ni que estuvo sentado injustamente en ningún banquillo de los acusados.

Kafka dedicó su vida entera de escritor a describir su lucha personal contra su familia, las mujeres, la moral, su herencia judía, su Inconsciente, su sentimiento de culpabilidad y el mundo moderno. 

Y sigue: 

La obra de Kafka, que surge el mundo onírico nocturno de su mente, es más autobiográfica de lo que podría haber sido cualquier descripción realista de sus experiencias diurnas en el despacho, con su familia o con una prostituta.





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