Leve exorcismo

Es martes por la tarde de octubre y me parece un día maravillosamente normal y qué bien que haya días que no son día mundial de tal cosa ni semana internacional de tal otra y dedicarnos a ver esa vida que a veces asoma entre evento y evento, fiesta y fiesta, efeméride, celebración, aniversario, homenaje, esto y aquello. La vida desnuda resulta que no es tan gélida sino que tiene un punto más atractivo de lo que creíamos. Hay algo de portugués en estos días preinvasión navideña que me gusta. Y digo portugués porque el portugués me parece que encarna cierta contención que aquí nos sobra. 

Pero no pensaba en Portugal al levantarme de la siesta sino en París, Londres y Berlín, los pulmones financieros de esta Europa que inventó el capitalismo y también su antídoto, la socialdemocracia, y que quizá en conjunto no sea sino una criatura difícil de sacar a pasear al parque. 

Pensaba en las tardes otoñales de París, desapacibles de necesidad, y en cómo la mente nos pinta un paisaje de empresarios dinámicos, de eurócratas a lo JC Juncker que a pesar de perder la presidencia de Luxemburgo, que gobierna desde hace 18 años, y que asegura que seguirá trabajando aunque sea desde la oposición. 

Me levanto de la siesta con la información del tiempo y no pienso en ese trabajador de las 35 horas que gasta una vida sin las emociones de los altos cargos de la política europea, como tampoco pienso en la señora que ahora mismo se ha preparado un té para leer una novela española, o ese buen burgués que aprovecha la tarde para hacer esa cosa anacrónica de leer el periódico cuando acaba el día, France Soir

Tampoco pienso en el joven letraherido que pasea por Montmartre los perros de un dueño adinerado a quien saca unos euros para componer ripios con vino malo que luego distribuye por los foros modernos desde su chambre de bonne de wifi ajeno.

Ni un performer berlinés que intuye quién es Banksy, a quien admira y envidia a partes iguales, y que dedica las tardes a diseñar, en silencio, las plantillas de las próximas creaciones de street art. 

Me levanto y pienso en gente alienada, que sufre los atascos a las entradas y salidas de las grandes aglomeraciones urbanas, con las agendas rebosantes de obligaciones, siempre un poco más allá de su límite, como si ellos cumplieran el deber y no los otros, y pienso si el alienado no soy yo, y me preparo un Breakfast tea a la hora del té de las cinco, qué transgresión, y escribo estos párrafos, como leve exorcismo de esas ideas tóxicas que se me cuelan en la cabeza. 


FOTO: Juan Jerez del Valle. París.

Entradas populares