Fe en las palabras

Me dedicó Piedad Bonnett su libro. A Eduardo, por el dolor de la muerte y la fe en las palabras. Yo cada vez pienso menos en la muerte y más en la vida, y dentro de ella están las palabras, en las que sigo teniendo fe, espero que por largos años. "La vida es física", dice un verso de Watanabe inmerso en el libro de Bonnett, Lo que no tiene nombre. Le dije que no estaba de acuerdo con esas cuatro palabras, que algún día lo estuve, o eso pensaba, pero que ya no lo estoy, y que puede que ella no lo estuviera tampoco, porque si escribimos libros como los que hemos escrito es porque, precisamente, nos rebelamos contra esa poquedad física. Tenemos fe en las palabras y, como la del devoto religioso, también sabemos que hay en ello algo de tabla de salvación, y preferimos aferrarnos a ella porque nos hace mejores. Y rechazamos otras voces a priori más sensatas porque sabemos íntimamente que esa fe está cargada de trascendencia, como la del ermitaño feliz.

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"Yo he vuelto a parirte, con el mismo dolor, para que vivas un poco más, para que no desaparezcas de la memoria. Y lo he hecho con palabras, porque ellas, que son móviles, que hablan siempre de manera distinta, no petrifican, no hacen las veces de tumba. Son la poca sangre que puedo darte, que puedo darme". (P. Bonnett, Lo que no tiene nombre)

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