El muñón de Rimbaud



"De Rimbaud, solo me interesó su biografía, que leí por cierto en un carcomido ejemplar de Gallimard que robé a una de mis amantes de entonces, pintora ella con caballete en paro de interior. Me fui haciendo una buena librería, con esa cleptomanía cultural de entonces, las obras completas de Herman Hesse, muy en boga, por ejemplo. 

De Rimbaud, me interesó más su vida que su obra, cuya temporada infernal leí en Tánger hasta arriba de té de menta y juzgué como un acceso de enajenación mental transitoria tan chisporroteante como poco interesante. Subirse al folio, abrir la mente, y que caiga lo que caiga. Parnasianismo, o así. 

Rimbaud no fue sublime sin interrupción, como proclamaba su admirado Baudelaire, "dios, rey de los poetas". Seis meses antes de morir, le amputaron la pierna por carcinoma. Se fue al otro barrio, al infierno quizá, con apenas 37 años y un muñón nada poético. De adolescente, escandalizaba a las vecinas portando un cartel en su Charleville natal que decía "Muera dios". 

A mí el Rimbaud que me interesa no es el de Las Iluminaciones, ni siquiera el que se fuga con su amante Verlaine a Londres a vivir como dos parias, para disgusto de la mujer del segundo, madre de una criatura de un año, que se quedó a cuadros ante esta inesperada deserción. Tampoco me mata la llegada provocadora del "pequeño Shakespeare", como lo llamaría un impresionable Victor Hugo, a París, arquetipo del gamberrismo poético de alguien que sabía de antemano que había un hueco en la historia de la literatura que tenía su nombre y por el que se colaría sin miramientos. 

El Rimbaud que me interesa no es el aspirante a gacetillero en Charleroi, sino el postpoeta, el que renuncia a todo y se decide a ganar dinero, como mercader en Yemen o Etiopía. Esa libertad de quién ha conquistado ese parnaso y se dedica vivir de las rentas de la gloria, porque todo le trae al pairo ya y quiere vivir bien, con la placidez de un burgués y aspirar a un conocimiento calmo. 

Pero en su sino no había lugar para una envidiable jubilación y de haber vivido más décadas tendría que haberse inventado un personaje o un retiro tan ridículo como el del norteamericano JD Salinger. Quizá lo podría haber encontrado en esos confines africanos o árabes, pero el paraíso en vida no estaba destinado para él, aunque a fe que lo gozó con plenitud en sus últimos y más opacos años". 


Germán Moscoví, Semblanzas, 1973, Madrid



Rimbaud en Etiopía, foto inédita hasta 2010 (Nota del náuGrafo). Más info, aquí