Dos historias reales (2/2)

Eran los años en que el mundo estaba en manos de la gente y no ya de una sola persona, de pronto esa masa que se formaba en torno a las carpas del PSUC parecía tener el poder de no solo cambiar las cosas, sino de hacerlas avanzar hacia un mundo más justo. O algo de eso flotaba en el ambiente de porros y cerveza caliente en esa fiesta comunista de septiembre. Se trataba de ir caldeando el ambiente hacia el NO, el no a la OTAN, cuyo referéndum tendría lugar un meses después, marzo del 86. 

Para ello, se habían reunido a un buen ramillete de grupos de la escena underground de la Barcelona preolímpica. Los Decadentes, The Pogs, Pambtumaquet, Papel de Burbuja, Explosiones en el Suelo, Regalo de Boda Envenenado y hasta Loquillo, cuando aún no hacía anuncios para bancos. 

También se había colado un grupo amateur, pero cuyas versiones de la Velvet eran de lo mejor que había escuchado el organizador del evento, cuñado del cantante, Quim. Tenían un repertorio limitado a diez canciones, entre las que se encontraban clásicos como The Wind Cries Mary, Brown Sugar, Sunshine of Your Love, Highway to Hell y Sweet Jane. Tenían fuerza y no dudaban en corear las consignas antiOTAN con tanta fuerza como los grupúsculos proetarras que se habían sumado a la fiesta, los antinucleares, los anarcosindicalistas y los animalistas. 

Aquel ambiente desbordada al cantante Quim, que a sus 17 años no recordaba nada igual. Estaba en un estado de trance, de gran paz interior, no deseaba nada más que permanecer en ese lugar, en ese segundo, poco antes de saltar al escenario después de los Regalo de Boda.
Eran tan amateurs que aún no tenían nombre, y cuando la presentadora del acto les pidió uno dos minutos antes de subirse a las tablas, a Quim, Joaquín Fernández, hijo de charnegos, le vino a la cabeza una palabra: 

Nirvana



Entradas populares