Newman

A mediados de septiembre se produce, y si no se produce, mala señal, un proceso de cambio estacional que tiene un correlato personal. Hay un poner el contador a cero y un nuevo año comienza, porque el verdadero año nuevo se da ahora, y no el 1 de enero o el día de nuestro cumpleaños. En el ránking de comienzos de año, el de septiembre es el más importante, seguido por los otros dos. 

Sentimos una inquietud incómoda propia de todos los procesos de cambio, y el cuerpo, la mente, quieren rebelarse hasta que no queda más remedio que asumir la frialdad del agua que todo cambio implica. En ese trance, pondremos en solfa todo lo que era sólido, que diría aquel, y en modo ON una criba que puede, dios no lo quiera, dejar en el camino lo que hasta entonces formaba parte de nuestra impedimenta cotidiana.

El final del verano tiene algo de peliagudo, porque no solo uno se replantea quién es, su yo, como sus demás. Creo que fue Norman Mailer quien decía que él había sido él, pero también lo que las mujeres, y tuvo seis, habían hecho de él. Uno es uno y los demás. Y en pareja, más. Septiembre es un escollo y lo que queda, una vez superado, tiene algo de aval de los tiempos, diremos.

Los septiembres infantiles tenían algo de estupendo. Había que plantar cara a los nuevos retos, ilustrados en los nuevos libros de texto, donde de pronto no valía con sumar y restar, habría que aprender a multiplicar y dividir. Y no solo había matemáticas, también física y química, esas primas cabronas de la primera, vieja conocida. Pero no arrugábamos la nariz y fuimos sacando cursos, universidades, másters, medio doctorandos. Nos convertimos en pequeños niños nuevos cada año, cada septiembre, en una inercia que quizá se abandonó cuando salimos de esa rueda reglada de la educación.

Mi parecido con Scrooge de las últimas semanas puede que fuera la antesala de este nuevo septiembre, esperado sin saberlo, en el que nace un pequeño nuevo hombre, newman, no sin algún dolor propios de la gestación y parto. Un hombre que cada año se renueva de alguna manera, o eso espero, abriendo un poco más el arco del compás con el que trazamos un recorrido concéntrico y tenaz en torno a ese punto que lo contiene todo y que nos convierte en actores principales de nuestras vidas.



Young Paul Newman