España: ¿cárcel institucional?

Me gusta la idea de un mapa territorial dinámico. Sin guerras de por medio para provocar esos recolocamientos, pero también sin unas trabas institucionales que impidan el mero hecho de soñar con el cambio de configuración, y que este se lleve a efecto si así lo quiere una rotunda mayoría. Pero da la sensación de que a no ser que, en este caso los catalanes favorables a la independencia se alcen en armas y sometan durante años a sus vecinos, en España todos estamos condenados a ser españoles hasta el fin de los días.


Lo sabe Anson, que se relame en su canela fina de este martes 17 de septiembre de 2013:


"Si estos dos fantoches [Oriol Junqueras y Arturo Mas] quieren la independencia catalana que lo intenten por el único procedimiento admisible: el artículo 168 de la Constitución. Que redacten la reforma constitucional pertinente. Que la planteen en el Congreso de los Diputados. Allí tendrán que conseguir los dos tercios de los votos. Y a continuación al Senado, que debe aprobar por el mismo porcentaje la propuesta. Después el Gobierno disolverá las Cortes y convocará elecciones generales. La reforma constitucional de Oriol Junqueras y su pantomima Arturo Mas tendrá que conseguir los dos tercios de los votos en el nuevo Congreso y en el nuevo Senado. Y a continuación, referéndum nacional en el que voten todos los españoles". 

Y en habiendo, digo yo, un partido nacionalista español llamado Partido Popular con 11 millones de votantes (en 2011), cualquier veleidad separatista es una quimera como un templo y España un monolito. 





Y sigue Anson, en su canela fina: "Tanto el Gobierno como la oposición responsable están en la obligación de levantar a los españoles para que, pacíficamente y con respeto máximo a la ley y el orden, manifiesten ante el mundo su propósito de mantener la unidad de la nación".