Lunes y lunes

Me levanté especialmente pronto este lunes y en ese Lavapiés aún medio sobao robé una conversación entre dos barrenderos, en la esquina de la calle la Fe con Salitre: "Hoy hay porquería para dar y tomar, los lunes es lo que tienen".

Hay lunes y lunes. Los que trabajan en las atenciones del cliente de algunas pymes tienen saturados los buzones de reclamaciones. Los comerciantes viven en cambio una jornada low profile, mañana libre, y aprovechan para planes tan poco festivos como limpiar a fondo los baños, hacerse la manicura, o enviar por correo unos sobres de jamón al hijo emigrado.

¿Y las putas? Cómo son los lunes de las putas. Son días tranquilos, para hacer la contabilidad, renovar el material aséptico, quizá encargar nueva lencería. Hacer frente a los días de labor, que son más para los casados y no tanto para el veinteañero envalentonado.

Los lunes de verano son para el profesor de instituto una calma chicha antes de que estalle la tempestad de los pupitres. Porque el año gira, cambia, llueve, se secan los pantanos, pero lunes hay cada lunes, y sin duda los de invierno pesan más que los de las estaciones cálidas.

La gente odia los lunes. Lo entiendo en todos aquellos, ¿la mayoría? en que la semana no es sino un trámite ominoso hasta el sábado y el domingo, necesario para hacer frente a unos gastos, hipotecas, seguros, coches, contraídos no se sabe muy bien a santo de qué.

Odiar los lunes es un fracaso en vida.

El próximo, será ya en septiembre. De niño, odiaba septiembre. De mayor, cada vez me gusta más.


Los lunes de los inventores son felices (foto, Retronaut)

Comentarios