El gatito

Rescataron al gatito (así lo llamaron desde el principio, "el gatito") de los bajos de un coche. Tenía signos de haber pasado un mal rato, como si lo hubieran atropellado, costra de sangre que el gato no paraba de lamerse. Se lo llevaron a casa sin la resistencia del minino que como mucho pegó un par de maulladas para hacerse valer. Pusieron un anuncio en una red social buscando un salvador para el gatito callejero y fueron cientos de solicitudes de adopción. Todo el mundo quería tener a ese gatito en su casa. Se hizo un sorteo y le tocó a doña Asunción, una señora que vivía en la calle Amparo de Madrid y que acogió feliz la noticia. De un golpetazo seco contra el lavabo noqueó al animal que, muertecito, se dejó despellejar sin remedio mientras la señora precalentaba el horno a 180 grados. Abrió una botella de Valdepeñas para acompañar al inesperado manjar. Con cebolla y ciruelas quedaba una cosa muy apañada.

Comentarios

  1. Un relato estremecedor, Eduardo, sobre todo para los que nos gustan los gatos.

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  2. Me recuerda de las primeras páginas de la novela "Apt Pupil" de Stephen King.

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