Araña

Descubrí, la otra noche, una araña. Salió despavorida de la balda de los alimentos de larga distancia, arroces y pastillas avecrem, donde seguramente chuperreteaba algo. La invité a salir con firmes aspavientos de servilleta de papel, pero se resistió. Me niego a matarla, los bichos dan más asco si te los cargas. Luego tienes mala conciencia y pesadillas. Así que se ha quedado a vivir conmigo, y no es una araña pequeña, precisamente. No me da asco, aunque es desagradable. Me recuerda a la araña del Guggenheim, y también a aquella de Tintín y la estrella misteriosa; preferiría un gorrión callejero o un fiel galgo pero lo que tengo es una araña, negra, esbelta. 

No sé cuánto tiempo se quedará conmigo y lo cierto es que a ratos me hace compañía. A veces pienso si no será más dura su ausencia, ya que a veces más vale araña en mano que ciento volando. En cualquier caso, no durará mucho, porque todo el mundo sabe que la esperanza de vida de la araña común no es muy alta.



Comentarios

  1. Soy supersticioso y según un superstición matar una araña trae mala suerte. Entonces cuando encuentro una, la cojo con una servilleta cuidosamente (para no matarla), abro la puerta y la echo afuera.

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