Empatía

Hay que tener mucha empatía para contar la historia de otro, Juan Belmonte, como lo hizo Chaves Nogales, hasta el punto que nos creemos que ese narrador en primera persona es Belmonte y no Chaves, como así fue. Recabó todas estas historias tras charlas y charlas de atenta escucha en su despacho creo que en el Ahora, en la Cuesta de San Vicente de Madrid, antes de esa guerra que acabó jodiendo España por todas partes. Dijo Kapuscinski aquello que lo del periodismo, e incluyamos también la literatura, no es oficio para cínicos. No lo fue Chaves Nogales.

Reproduzco extracto de Belmonte, matador de toros recordando la muerte de su madre, siendo él "un chavalillo": 

Por la tarde, a la hora del entierro, me pusieron un babadero negro y me echaron a la calle a jugar. Vinieron, mandados por sus madres, unos niños y me propusieron que jugásemos a las bolas. Mientras jugaba con ellos, yo seguía disimuladamente con la vista los preparativos del entierro, el entrar y salir de los deudos y amigos, todo aquel ajetreo lento y silencioso. A medida que caía la tarde, una gran tristeza iba cayendo sobre mí. Yo estaba allí jugando con mis amigos como si tal cosa, pero allá en lo hondo me nacía una amargura, un desconsuelo que antes no había sentido. Era una sensación de soledad, de vacío, de no ser nada. No me hacían ningún caso. "Tú, a jugar con los niños", me habían dicho y, resignadamente, yo jugaba con ellos y jugando me distraía mientras se llevaban a mi madre muerta, pero sin que se me cayese del pensamiento aquella cavilación de la soledad en que me dejaban, aquella pena discreta, contenido, de niño que se da cuenta y no quiere que lo adviertan, aquella amargura de que no me hiciesen caso, de que no me diesen vela en aquel entierro que, lo adivinaba, era el entierro que más hondo iba de llegarme en la vida. Con esta maquinación jugaba yo a las bolas, y jugando me divertí hasta que fue de noche y vino mi padre a llevarme consigo de la mano.


Belmonte, con 34 años, en 1926.

Comentarios

Entradas populares