Día 1 #chavesnogales

Manuel Chaves Nogales como un Truman Capote ibérico al que la historia no permite su justo reconocimiento justo, que tarda pero por fin llega. 

El impagable trabajo de Maribel Cintas Guillén y cómo, en un deje chavesnogalista, a menudo el aplauso se lo llevan otros.

Lo masón en Chaves Nogales: ¿tuvo que ver con ese camino de excelencia y de entrega radical al trabajo?

El acercamiento a una biografía, la de Juan Belmonte, con una razón de peso en la recámara: el triunfo de la revolución individual. Belmonte, sevillano enclenque, feo, poca cosa, que un día, siendo niño, calle Feria, Sevilla, charco enfrente, se levante y se enfrenta al mundo. Él podrá con él y no al revés. 

La tesis chavesnogaliana de que el anarcosindicalismo acabó horadando la Segunda República hasta provocar su implosión. 

La idea de Manuel Chaves Nogales, extraño caso de español que a uno le sale admirar, sobre la revolución: mejor individual que colectiva.

Su experiencia en Rusia, Chaves Nogales, que estaba ahí, como aval sobre los vicios del totalitarismo.



Sus charlas sobre Sevilla, de nuevo con Belmonte, en la redacción de la Cuesta de San Vicente, donde se encerraban a fumar y a tomar algún licor, y se oían las risas desde la escalera. Los dos de la zona de la Alameda de Hércules; ciudades con vida que uno lleva consigo. Nota mental: leer el librito La ciudad.

La mujer de Chaves y las gallinas; presentes incluso en las ciudades europeas en las que vivieron, no fuera que vinieran mal dadas.

Foto cedida por Mª Isabel Cintas


El diario Ahora, uno de los tres más vendidos en la Segunda República, junto al El Sol y ABC, que dirige con mano izquierda el periodista sevillano, implicado siempre en la mejora de las condiciones de los empleados.

Esas portadas con vocación de modernidad, la idea de una España culta, o que aspira a serlo, que antes de la guerra lee las crónicas de Chaves, un plumilla que no renuncia al ejercicio del periodismo en su escenario natural: la calle, la gente.

Chaves Nogales, un sevillano nacido en 1897 que llegó a montar su agencia de noticias en la calle de los periodistas, Fleet Street, en Londres y cuyas colaboraciones se leían entonces en todo el mundo, buena parte de América e incluso Nueva Zelanda.

¿Hasta dónde habría llegado, de no ser por esa inoportuna peritonitis que le segó la vida?

Esos herederos que, sin hacer nada, ven cómo su descomunal y valiosa obra se edita en tromba y les llueven unos ingresos que en vida imaginaron, como tampoco imaginaban el talento del abuelo. Y esa figura, Maribel Cintas Guillén, que parece tocada por el signo del ilustre periodista, al ser silenciada en títulos reeditados como A sangre y fuego, con prólogo de Andrés Trapiello, sí, pero ausencia del nombre de quien ha recuperado dos relatos para ese volumen de la editorial Renacimiento, así como todo el material gráfico. 







De Julio Camba a Jot Down: periodismo de calidad en la prensa escrita, del 22 al 26 de julio en los cursos de verano de la UNIA, sede La Rábida.

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