UNAS BESTIAS MUY HUMANAS

[Artículo inédito cuya publicación estaba prevista para noviembre de 2012, por Eduardo Laporte.]

Se publican en un solo volumen todos los cuentos de Javier Tomeo, uno de los pioneros del microrrelato, amigo de la deformidad, lo raro y la animalización de sus personajes


Le editorial Páginas de Espuma, especializada en relato, viene demostrando en los últimos años su buenhacer como aglutinador de obras completas de autores, vivos o muertos. Lo hizo con dedicación con la obra de Fernando Quiñones, en un libro con todos los cuentos del escritor gaditano, fallecido en 1998, que el editor Juan Casamayor considera “la joya de la corona”. Proyecto similar a otras recopilaciones que han gozado de un notable éxito de ventas, pese a que los precios de estos ejemplares rondan los cien euros, como en el caso de las casi tres mil páginas de las obras completas de Guy de Maupassant. En un reportaje anterior, Casamayor reconocía que gracias a estas ventas había podido invertir en una nave industrial, útil espacio para las necesidad de almacenamiento de las obras que genera una editorial, y toda una pista para los editores de la competencia. Maupassant, Quiñones, Edgar Allan Poe y, ahora, un autor vivo, nacido en Quicena, Huesca, en 1932: Javier Tomeo.

En un tiempo, los años setenta, en que los tiros iban por la literatura de realismo social, donde despuntaban los Juan Marsé o Vázquez Montalbán, Tomeo tomó una deriva diferente, a contracorriente, que no abandonaría nunca. “Y no me ha ido mal”, se felicitaba el día de la presentación en Madrid. Así, le han colgado, amigos como el desaparecido Félix Romeo, las etiquetas de “periférico” o “raro”, quizá por su preferencia por la alegoría en lugar del realismo, y el “zarpazo de la intuición a la reflexión intelectual”, comentario este de Daniel Gascón, responsable del proyecto editorial. Se le asocia a Kafka, uno de sus autores de referencia, a Ramón Gómez de la Serna, pero también, y este es un rasgo no tan usual, a genios del cine como Luis Buñuel, Charlot o Buster Keaton, al menos así lo veía el crítico Rafael Conte. “Al principio hacía lo que todo el mundo: literatura de acoso y derribo a la dictadura, pero pronto descubrí que eso no me divertía y me fui más hacia lo onírico, para desgracia de los editores, que se asustaban ante mis propuestas”, recuerda el propio Tomeo. “Me veían como una víctima de Kafka, pero poco a poco fueron publicando mis engendros”.

Escribir es fácil
“Es como mirar. Uno mira, simplemente, y ve. Lo difícil es mantener esa facilidad durante mucho tiempo. Para un ser vivo, vivir es fácil”, no lo dice Tomeo, sino otro escritor, Andrés Ibañez, en un celebrado post alojado en la revista 'FronteraD'. Pero en ello coincide el aragonés, para quien la creación literaria también parece fácil: “Es abrir una ventana y contar lo que ves”. Paradójica afirmación en boca de alguien que reconoce que es amigo de lo deformado y que llama a sus creaciones engendros, lo cual lleva a preguntarnos si no es que quizá ve el mundo de esa manera, como un gran bestiario, título que da a una de sus series de historias.

Puede que sea esa sencillez, no obstante, la que le haya motivado que varias de sus novelas hayan tenido mucho éxito en el extranjero, en sus adaptaciones teatrales. O puede que sea su “fascinación por lo monstruoso”, una mirada literaria que tiene su público. “A los bellos hay que dejarlos tranquilos... Yo prefiero la caricatura, el esperpento, el personaje deformado, como ejemplo de moralidad”, sostiene Tomeo. Se contradice después el escritor cuando dice que los jóvenes aprecian su “esfuerzo” por darles una realidad “quintaesenciada”. ¿No era fácil escribir?

No debe serlo tanto, ya que no todos alcanzan el prestigio que tiene el nombre de Tomeo, habitual en el catálogo de sellos de prestigio como Anagrama o Plaza & Janés.





Cortocircuitos
No es Tomeo un autor recomendable para espíritus impresionables, por su gusto por lo sórdido, por el espíritu de las Pinturas Negras de Goya, que él mismo reconoce como una referencia. Situaciones bañadas de una atmósfera siniestra, que revelan oscuros resortes del alma humana, actitudes raras, que a Tomeo le gusta plantear, quizá porque son más normales de lo que podríamos imaginar. Así, habla de una técnica que le gusta llevar a cabo en sus relatos cortos, y que él califica como de “reacciones en cortocircuito” y que son aquellas en la que no interviene la mente y que provocan reacciones motivadas por unos impulsos más rápidos, irracionales, animales, quizá. Dos personajes, una pastora virginal e inocente que ve a un hombre, nudista, en el bosque. Él es un hombre bueno y manso, pero ella no lo sabe y al verlo se asusta. Se asusta tanto que se pone a gritar y él la persigue con intención de calmarla, aunque consigue el efecto contrario. En su deseo por acallar ese caos, al naturista le brota un resorte inesperado y acaba por estrangular a la indefensa mujer. Una escena cargada de brutalidad que bien podría haber filmado su paisano Luis Buñuel, autor de escenas memorables como la cena de los mendigos en 'Viridiana', en esa demostración de que, a veces, dar la mano implica que te cojan el brazo. “Es una especie de dios cinematográfico para mí, he visto sus películas diez o doce veces”, reconoce Tomeo, que bien podría apellidarse el Buñuel de las letras.

Un apego por lo monstruoso que no está reñido con el humor, un humor con denominación de origen, baturro, de quien este escritor no reniega. ¿Cómo definir este humor aragonés? Tomeo pone el siguiente ejemplo, de una coplilla popular, entre surrealista y provocadora: “El día que nací, acababa de nacer. Y a los quince días, ya tenía medio mes”.

Animales y mujeres
Basta repasar algunos títulos de la prolífica carrera de Javier Tomeo para constatar su obsesión por el universo animal: 'Un día en el zoo', 'El canto de las tortugas', 'La noche del lobo' o 'Bestiario', por citar algunos títulos recientes. Puede que la admiración por Kafka y su famoso escarabajo-cucaracha (“No me gusta leerle mucho, porque me doy cuenta de que es mucho mejor que yo”) explique la devoción del autor aragonés por el mundo animal, tema que dota de coherencia y unidad a toda su obra. “Alguien dijo que mis cuentos eran croquetas, todas ricas pero un poco parecidas entre sí”, confiesa con humor y humildad a partes iguales.

Cigarras, elefantes, arañas, gallos, cuervos, perros, ovejas, serpientes, palomas y osos pardos, entre otros, dan título a los relatos incluidos en el grueso volumen de 'Cuentos completos', de casi mil páginas. Animales de todos los colores, pero apenas mujeres, en una escasez femenina que alguna vez ha llegado a levantar sospechas sobre una supuesta misoginia, algo que sus personajes se encargar de negar con frases que él mismo podría haber dicho, como en el relato 'Las palomas lascivas': “He sentido por las mujeres una afición invencible”. El propio autor ha reconocido que, por no conocer bien su funcionamiento, ha optado por no escribir demasiado sobre ellas.

Se apoya Tomeo en los animales, en las bestias, para narrar comportamientos fieramente humanos. Como esa araña que los psicólogos consideran el “símbolo de la introversión narcisista” o el fabuloso Gallitigre, fruto del amor entre una gallina y un tigre y que, antes o después, se convertirá en el símbolo del amor universal que la humanidad está esperando desde hace tanto tiempo.



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Microrrelatos sin fin

En las pasadas jornadas de LiburuTEKia, dedicadas a la literatura y nuevas tecnologías, celebradas el pasado noviembre en la Biblioteca Foral de Bilbao, se habló del microrrelato, una forma narrativa, condensada, que ha ganado entidad en los últimos años, hasta considerarse ya un género más de la familia literaria con plenos derechos. Tanto es así que las antologías, de varios autores o de uno solo, son cada vez más frecuentes en las mesas de novedades editoriales. Una de las más reciente, 'Mar de pirañas' (Menoscuarto), con voces consagradas, Benítez Reyes, Almudena Grandes, Eloy Tizón y otras no tanto, como la de Jesús Esnaola, Ángel Olgoso o Antonio Báez.

 Uno de esos escritores en corto, Jesús Esnaola, defendía, junto al también escritor Pedro Ugarte, la idea de que se introduzcan los microrrelatos en el sistema educativo, desde fases bien tempranas, con el argumento de una pequeña historia siempre es más estimulante que un libro de largo aliento como 'La Celestina'. Microrrelatos como anzuelo para que pique la curiosidad por la lectura y que de las historias breves se acceda, con el tiempo, a otras más largas y complejas. ¿Por dónde empezar? El propio Esnaola, que este año publicó 'Los años de Lluvia' (Paréntesis), celebraba en Facebook el hallazgo de un libro que “daba por imposible” (aunque se puede encontrar por internet): 'Cuentos de un minuto', de István Örkény, editado en España en 2006 por Thule Ediciones, y considerado un clásico de la literatura de Europa del Este.  

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